Notas sobre la vida y la obra lingüística de Roch Ambroise Auguste Bébian

Foto Alejandro OviedoPor Alejandro Oviedo.

Berlín, 2008.

Sección: Biografías.

 

Roch Ambroise Auguste Bébian es una de esas figuras cuya importancia ha sido injustamente preterida y olvidada en la historia de la Sordera. Además de haber sido un precursor de la moderna lingüística de las lenguas de señas, Bébian fue el primer pedagogo que se planteó la existencia de una escuela bilingüe para sordos, donde la lengua de señas de la comunidad de Sordos adultos sirviera de código primario de enseñanza para los niños. Estas páginas quieren hacer alguna justicia a su memoria.

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Auguste Bébian, óleo de A. Chausevant  (Foto: A. Oviedo, (CC) BY-NC-SA )

Los primeros años de Bébian

Nuestro personaje nació el 4 de agosto de 1789, en la ciudad de Pointe‐à‐Pitre, la capital del país caribeño de Guadalupe, entonces colonia francesa. Su familia era gente acomodada, que tenía una estrecha amistad con el Abad Roch Ambroise Cucurron Sicard. Sicard, pocos meses después del nacimiento de Bébian, se había hecho cargo de la dirección del Instituto de Sordomudos de París, a la muerte de su fundador, el Abad de l ́Epée. El niño Bébian le fue confiado al Abad Sicard como ahijado, e incluso recibió su mismo nombre. Esta relación entre ambos se estrecharía en los años siguientes, a partir de 1802, cuando el muchacho fue enviado a París, a la casa de su padrino, para que hiciera sus estudios. Sicard se ocupó de los gastos del muchacho. En 1807, Bébian terminó su bachillerato, en el Lycée Charlemagne, donde recibió una serie de distinciones por su desempeño como estudiante.

Bébian y su trabajo en París

El relato de la vida de Bébian en París no resulta claro, en cuanto a fechas, a partir de los relatos biográficos incluidos en algunos pocos textos impresos o en internet. Parece que en 1807 comenzó el joven a relacionarse con el instituto dirigido por su padrino. Fascinado con la lengua de señas, asistió a clases con Laurent Clerc, e inició con él y con Jean Massieu una amistad que duraría toda su vida. Bébian aprendió tan bien la Lengua de Señas Francesa (LSF), que frecuentemente pasaba por Sordo. Clerc, en varios escritos suyos, hablaba de Bébian como del primer oyente que llegó a dominar la LSF como nativo (Lane 1984). Pronto comenzó a trabajar en el instituto: como monitor y luego como asistente de los maestros.

El padre de Bébian, cuando supo que este estaba dedicado a tales labores, le exigió que regresara a Guadalupe, considerando que bien podía trabajar a su lado en cosas “más importantes”. Pero Sicard decidió mantener a Bébian al lado suyo, y le asignó un cargo de más importancia, como supervisor de la disciplina de todo el instituto, ya que era el único miembro del directorio que hablaba fluidamente la LSF.

En 1817, Bébian publicó un ensayo en el que hacía juicios sobre los métodos de trabajo desarrollados por el Abad de l ́Epée y usados en la escuela. Se trata de su Essai sur les sourds‐muets et sur le langage naturel ou Introduction á une clasification naturelle des idées avec leurs signes propres (París, 1817). Sus críticas volvieron a publicarse dos años después, en su libro Eloge de Charles Michel de l ́Epée (París, 1819), que le granjeó un premio de la academia de ciencias francesa.

En esos trabajos Bébian, a pesar de alabar la obra del fundador de la escuela y de su sucesor (Sicard), ponía en cuestión la validez de sus métodos de trabajo, que en lugar de usar la lengua de señas de los alumnos, se basaba en un complicado sistema desarrollado por de l ́Epée para codificar todos los morfemas del francés con las manos. Este sistema, que equivalía a lo que hoy se conoce como lengua oral señada, era muy complicado de aprender y todavía más difícil de usar coherentemente, confundía a los estudiantes y, en opinión de Bébian, resultaba más complicado que la misma lengua escrita, cuyo desarrollo era el propósito del sistema. Todo sería más lógico, más fácil para los docentes y para los estudiantes, y más provechoso, si en lugar de seguir usando ese sistema se aprendiera la LSF y se trabajara con los estudiantes a partir de ella. Eso implicaba emprender una labor de registro de las señas, y la tarea de iniciar un programa de creación de nuevas señas para nombrar los nuevos conceptos adquiridos.

Semejantes opiniones no fueron bienvenidas entre los demás miembros del directorio. Después de la muerte de Sicard, ocurrida en 1822, encontraron la excusa que necesitaban para echar a Bébian de la institución. Durante una visita oficial que dispensaba la Duquesa de Berry al instituto, pasó lo siguiente: luego de hacer un recorrido por las instalaciones, la duquesa preguntó extrañada que por qué no le habían presentado a los alumnos. Bébian, según relata Lane (1984:118), le respondió: “Si los Sordos no aparecen frente a su Real Alteza (…) es porque están desnudos. Por cuatro meses no han podido pasear por carecer de ropas y de zapatos”. No cuenta Lane si la pomposa señora se inmutó ante semejante revelación. Pero lo cierto es que por esa razón despidieron a Bébian. El instituto, como se ve, atravesaba entonces por una seria crisis financiera, debida en buena medida por los altos niveles de gastos que tenían en personal superfluo y en mantener las edificaciones.

 La Mimographie

Al abandonar el instituto, Bébian recibió dos tentadoras ofertas de trabajo. Una de ellas fue la de dirigir la escuela de sordos de Nueva York. La otra, en la escuela de San Petersburgo, en Rusia. Bébian rechazó ambas, y decidió abrir su propia escuela de sordos, en París. En ese tiempo publicó Bébian su obra más importante, la Mimographie (1822), donde desarrollaba un método para transcribir la lengua de señas.

Ya en su obra de 1819 había sugerido la necesidad de tal método, habida cuenta de que el registro de las señas era indispensable para su idea de la lengua de señas como vehículo para la enseñanza. La idea de Bébian era revolucionaria: las señas podían descomponerse en una serie de cinco elementos básicos: la forma de la mano, su posición en el espacio, el lugar donde se ejecutaba la seña, la acción ejecutada y la expresión facial usada. Cada uno de esos elementos conformaba series limitadas, que era factible ordenar y escribir con un determinado símbolo.

Ejemplo de ello era el movimiento, que Bébian categorizaba en una serie de tipos básicos, según la dirección, el contorno descrito y el tipo de actividad local del artiuclador (vibrante, de cierre, de apertura, etc.). La siguiente ilustración, una plancha de la mimografía  muestra los símbolos usados opr Bébian para representar las diferentes posibilidades:

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Plancha I (detalle), Mimographie, 1825 (Ilustración archivo del autor)

 

 

 

 

 

 

 

 

A este grupo de símbolos podían añadirse distintos diacríticos para representar variaciones en el tipo de movimiento realizado. Del mismo modo, cada uno de los componentes de las señas recibía una semejante suerte de representación gráfica. Las locaciones, por ejemplo, eran representadas como sigue:

Locaciones, Mimografia
Plancha II de la mimografía (1825), detalle. (Archivo del autor)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bébian estaba, con su sistema, proponiendo dos cosas, geniales en su sencillez. Una de ellas, que las señas no eran las unidades mínimas de la LSF, sino que estas estaban formadas por componentes menores que ellas, la mayoría de los cuales no tenían un significado en sí mismos. Con ello estaba demostrando Bébian que la LSF era un sistema doblemente articulado.

Otra cosa que lograba Bébian, con su propuesta, era permitir, metodológicamente, el análisis estructural de la LSF, ya que al proveer un sistema de escritura hacía posible la descomposición y el ordenamiento de las unidades de la lengua en niveles de organización. La lingüística de las lenguas orales había surgido gracias a que se habían desarrollado sistemas alfabéticos de escritura. El mismo principio que proponía Bébian.

Similares propuestas sustentaron la obra inicial del lingüista estadounidense William C. Stokoe a partir de 1960, que era básicamente el desarrollo de un sistema de escritura para la ASL, a través del reconocimiento de los mismos parámetros de Bébian. La obra de Bébian se adelantó, así, 138 años a la de Stokoe. Era idéntica en sus principios fundamentales, pero no tuvo continuidad ni, aparentemente, recibió la atención de estudiosos posteriores. Sin desmerecer el trabajo de Stokoe, cuando se proclama su genialidad debería tenerse en cuenta la obra de Bébian. Hasta donde conozco, únicamente una profesora alemana, R. Fischer, ha publicado antes algo haciendo referencia a esta lamentable omisión (cfr. Fischer 1995).

La obra posterior de Bébian

Poco después, Bébian recibió un encargo del directorio del instituto. Le rogaban escribir un texto que sirviera de guía para las clases. Era algo muy necesario: la institución había crecido mucho, y los numerosos maestros no tenían un método para sus clases. Mientras vivieron l ́Epée y Sicard, los métodos habían sido enseñados directamente, de maestro a maestro, pero ya no quedaba nadie que dominara los antiguos procedimientos, y era urgente un material escrito que sirviera de guía en el trabajo. Bébian aceptó el encargo, y en 1827 entregó a publicación dos tomos de la obra titulada Manuel d’enseignement pratique des sourds‐muets (Manual de enseñanza práctica para sordomudos), que incluían modelos de ejercicios y explicaciones para su aplicación.

En 1830 fue coronado un nuevo rey francés, Louis Phillippe. Este había conocido personalmente a de l ́Epée y a Sicard, y Ferdinand Berthier, un influyente maestro Sordo del Instituto, promovió una campaña ante el rey para convencerlo de nombrar a Bébian como director. Esta campaña fracasó, y Bébian, a modo de revancha, escribió un libro criticando el estado en que se encontraba la escuela. El libro, Examen critique de la nouvelle organisation de l ́enseignement dans l ́Institution Royale des Sourds‐Muets de Paris (Bébian 1834). Después de terminar ese libro decidió abandonar París, y se mudó a la ciudad de Rouen, donde dirigió otra escuela de sordos. No permaneció mucho tiempo en esa función, pues decidió regresar a Guadalupe, donde abrió una escuela de sordos. Allí murió, en la ciudad de Pointe‐à‐Pitre, el 24 de febrero de 1839. Tenía 49 años.

Fuentes

Bébian, R.A.A. (1817). Essai sur les sourds-muets et sur le langage naturel ou introduction à une classification naturelle des idées avec leurs signes propres. París : J.G. Dentu.

Bébian, R.A.A. (1825). Mimographie, ou essai d´écriture mimique propre à régulariser le langage des sourds-muets. París: Louis Colas.

Fischer, R. (1995) ”The notation of sign languages: Bébian’s mimographie”. En: Bos, Heleen F., G. Schermer y M. Gertrude (eds.). Sign Language Research 1994: Proceedings of the Fourth European Congress on Sign Language Research. Hamburgo: Signum, págs. 285‐302.

Gascón Ricao. A. y J.G. Storch de Gracia y Asensio (2004) Historia de la educación de los sordos en España y su influencia en Europa y América. Madrid: Ramón Areces.

Lane, H. (1984) When the Mind Hears. A History of the Deaf. Nueva York: Penguin. Roch‐Ambroise‐Auguste Bébian.

Oviedo, A. (2009) Vuelta a un hito histórico de la lingüística de las lenguas de señas Las “huellas” de la Mimographie (Bébian 1825) en el sistema de transcripción de las señas de William C. Stokoe. Cultura sorda

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