El bote sordo de la buenaventura sobre el río Nilo, alrededor del año 1046

Usuario-VacioPor M. Miles,

Reino Unido, 2007.

Sección: Artículos, historia.

 

El maestro religioso y viajero persa Nasir Khosrau visitó Egipto entre los años 1046 y 1049 de nuestra era, y sus relatos de viaje parecen haber sido ampliamente confirmados por otras fuentes[1].

Hay en sus relatos un detalle concerniente a la crecida anual del Nilo y la importante ceremonia de abrirle a las aguas un canal mayor. El Califa daba un soplo simbólico hacia el primero de los diques que contenía al río: entonces el gentío comenzaba a removerlo con picos y palas hasta que el agua escurría lo bastante como para poder lanzar botes a ella. A partir de este momento, una vasta parte de la población participaba de las celebraciones. El honor de ocupar el primero de los botes estaba reservado a los “sordomudos”:

La première barque, lancée dans le canal, est remplie de sourds‐muets appelés en persan Koung ou Lal. On leur attribue une heureuse influence et le sultan leur fait distribuer des aumônes. (Schefer, pág. 142. Cfr. Hunsberger, pág.169; Thackston, pág. 51). [el primer bote lanzado al canal se llena con sordomudos, llamados “Kung” o “Lal” en persa. Se les atribuía el traer buena suerte, y el sultán hacía distribuir donativos entre ellos] [2], [3].

Este parece ser uno de los reportes más antiguos, entre los hechos en África o el Medio Oriente, en el cual un grupo de personas sordas aparece reunida y desempeñando un importante rol simbólico en una ocasión ceremonial mayor (¡y además recibiendo una paga por las molestias!).

La referencia más temprana registrada hasta ahora acerca de un grupo de personas sordas en África o el Medio Oriente se había hecho sobre la Etiopía de inicios de la década de 1840[4]. Encontrar otra referencia creíble acerca de un grupo, 800 años más antigua, es un salto enorme. En ambos casos, las personas sordas habían sido reunidas a instancias de la realeza, pero en el del bote en el Nilo, los sordos estaban ganándose su participación allí, al menos como idea, porque estaban atrayendo la buena suerte. Hay algunos precedentes históricos acerca del fenómeno de la “buena suerte”, en forma de imágenes de duendes o jorobados, que la gente llevaba consigo para mantener alejado el “mal de ojo” y traer suerte[5]; pero yo no había notado que la gente sorda fuera asociada con la buena suerte de esta manera[6]. Un observador cínico podría preguntarse si no habría tal vez entonces peligros considerables para el primer bote, que pudiera, por ejemplo, ser arrastrado por la fuerza de las primeras aguas que surgieran del dique, o alternativamente encallar y volcarse si el flujo de las aguas era insuficiente, o encontrar obstáculos inesperados corriente abajo. Quizás la “buena suerte” de las personas sordas fuese primeramente disfrutada por los ocupantes de los botes siguientes.

¿Por qué escoger personas sordas para el viaje en el bote, antes que gente seleccionada entre “los pobres, los discapacitados, los cualquiera”? Las ceremonias relacionadas con la inundación del Nilo tenían una larga historia y eran mantenidas bajo estricto control de las autoridades [7]. Estas podrían haber notado que reunir a un montón de gente ciega, baldada o mentalmente discapacitada para llenar el bote rápidamente y lanzarlo a las turbulentas aguas que se precipitaban sobre el canal, hubiera sido buscar problemas. En cambio, un grupo de gente sorda, con sus cuerpos sanos y completos (y con mucha seguridad formado sólo por hombres), podría ser entrenado para embarcarse en el bote con seguridad y rapidez, y el bote emprendería su recorrido sin que nadie se cayera por la borda, se mareara o profiriera gritos o juramentos. Estas eran ventajas importantes en una ceremonia cuasi‐religiosa, bajo el escrutinio del Califa, y tal vez bajo las miradas de las varias “deidades del Nilo’.

  Texto amablemente cedido por su autor para publicación en este sitio web.-

Traducido del original inglés por Alejandro Oviedo. Berlín, 17 de mayo de 2007

Notas

[1] [1] Khosrau [Khusraw], Nasir [Nassiri]. Sefer Nameh. Relation du Voyage de Nassiri Khosrau, célèlebre poète et philosophe Persan, ca. 1003‐1088 A.D., en Syrie, en Palestine, en Égypte, en Arabie et en Perse, pendant les années de l’Hégire 437‐44 (A.D. 1045‐1052), texte Persan, publié d’après trois manuscrits… translated and introduced by Charles Schefer (1881, Paris), reprinted 1970, Amsterdam: Philo. Ver también Alice C. Hunsberger (2000) Nasir Khusraw, The Ruby of Badakhshan: a portrait of the Persian poet, traveler and philosopher. Londres: I.B. Taurus; y W.M. Thackston (trad.) (1986) Naser‐ed Khosraw’s Book of Travels (Safarnama) by Nasir‐i‐ Khusraw. Albany, NY: Bibliotheca Persica.

[2] [2] Las palabras Koung o Gung para “mudo” (que supondría también deaf), y Lal también para mudo o tonto, han permanecido en uso durante los siglos y llegado hasta el persa actual. El ‘Gung Mahal ’ (la Casa del Sordo) es conocida por historiadores de la sordera como el sitio en el que el Emperador Akbar hizo su experimento de dejar crecer a un grupo de niños sin dejarlos oír la voz humana. Ver ‘Abul Fazal’ y los enlaces referidos a él, en: http://www.sign‐lang.uni‐hamburg.de/bibweb/Miles/1200‐ 1750.html#48.

[3] [3] El sultán de Egipto para esta época era un hombre joven, el Califa Abu Temim Ma’add Mostansser (Nota al pie hecha por Schefer al libro de Khosrau, pág. 140).

[4] [4] Miles, M. (2005) Deaf people living and communicating in African histories, 960s – 1960s. Revisado y ampliado en: www.independentliving.org/docs7/miles2005a.html

[5] Véase, por ejemplo Doro Levi (1941) The evil eye and the lucky hunchback. En: R. Stillwell (ed.) Antioch on‐the‐Orontes, III, the Excavations 1937‐1939, págs. 220‐232. Princeton University Press; y V. Dasen (1993) Dwarfs in Ancient Egypt and Greece. Oxford: Oxford University Press, pág. 230.

[6] El nombre más antiguo de una persona sorda que ha sido encontrado hasta ahora en mis estudios sobre Africa y el Medio Oriente es el de un egipcio llamado Munah el Sordo [árabe: al‐Asamm], en el Siglo X dC. Su nombre aparece en los contratos extendidos por la venta de dos casas en el poblado de Tutun, Provincia de Fayyum, en Egipto, en los años 962 y 963 dC, que refieren a “la residencia de los herederos de Munah el Sordo”. Los herederos de Munah vivían en una casa lo bastante bien establecida como para definir sus límites en un contrato legal, lo que sugiere que se trataba de un hombre de alguna importancia en la comunidad local. G. Frantz‐Murphy (1981) Arabic and earlier Egyptian contract formularies. Part I, the Arabic contracts from Egypt. J. Near Eastern Studies 40: 203‐225.

[7] [7] Ver las breves explicaciones ilustradas por Sandra Postel (1999), “Egypt’s Nile Valley Basin Irrigation”, en: www.waterhistory.org/histories/nile/, y por John Feeney (2006) “The Last Nile Flood”, en: http://www.saudiaramcoworld.com/issue/200603/the.last.nile.flood.htm

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