Pierre Desloges y sus “Observaciones….” de 1779

Alejandro OviedoPor Alejandro Oviedo,

Berlín, 2007.

Sección: Biografías.

 

 

El primer libro cuya autoría se atribuye a una persona sordaublicado por un Sordo apareció en Paris, en 1779, titulado “Observaciones de un sordo­mudo al “curso elemental de educación para los sordo­mudos” (el título original es Observations d’un sourd et muet sur ‘Un Cours élémentaire d’éducation des sourds et muets,’ publié en 1779 par M. l’abbé Deschamps). Su autor se llamaba Pierre Desloges.

El libro de Desloges apareció como réplica a la publicación de otro libro, el “Curso elemental de educación para los sordo­mudos “(Un Cours élémentaire d’éducation des sourds et muets), publicado ese mismo año por un cura parisino, el abbé Claude François Deschamps, que condenaba el uso de la lengua de señas en la educación de los Sordos. Desloges, que se sintió en el deber de replicar a Deschamps, escribe:

Como haría un francés viendo su lengua desaprobada por un alemán que apenas conoce algunas palabras de francés, me siento también obligado a defender mi propia lengua de los cargos que hace Deschamps en su contra. Y al mismo tiempo justificar el método usado por el Abad de l’Epée, que se basa enteramente en el uso de las señas. Atento, también, dar una idea más aproximada de la lengua de mis camaradas los sordos congénitos, que son iletrados y cuyas únicas fuentes de instrucción han sido el sentido común y la compañía de gentes de su misma clase. Este es, en breve, el propósito de este breve libro.

El primer libro escrito por un Sordo es, entonces, un tratado dedicado principalmente a defender el derecho de los Sordos a ser educados en lengua de señas, y una descripción de esta lengua.

Portada-Desloges
Portada del libro de Desloges en Gallica 

 

Quién fue Pierre Desloges

Pierre Desloges nació en Le Grand Pressigny, Francia, en 1747. A los siete años quedó sordo, a consecuencia de la viruela.

Desloges declara haber tenido algún conocimiento del francés escrito antes de quedar sordo. Esto hace pensar que pertenecía a una familia relativamente acomodada, pues la educación era entonces un privilegio reservado a quien podía pagarlo, y Desloges aprendió a leer ya muy niño. Aunque después de su enfermedad no siguió en la escuela, debió haber continuado por su cuenta el aprendizaje del francés escrito. Más adelante se formó en el oficio de tapicero y encuadernador, que aprendió y ejerció en París cuando se mudó a esa ciudad, a los 21 años. Cuando tenía 27 años conoció a un Sordo italiano, que le enseñó la lengua de señas. A partir de entonces, Desloges se integró a la comunidad Sorda parisina, y se interesó mucho en la utilización de la lengua de señas como medio de enseñanza. Algunos años antes (en 1760), había fundado en París su escuela para Sordos el Abad Michel de l ́Epée, y los éxitos logrados en la educación de sus primeros alumnos, a través del uso de la lengua de señas, había despertado el interés general por la educación de los Sordos.

Sabemos por el libro que la viruela había deformado severamente a Desloges, quien perdió todos los dientes y la habilidad de controlar los movimientos de la boca, con lo que perdió también el habla. Su comunicación con el mundo, tras la enfermedad, se reducía a escribir y pronunciar lo que podía. Dice Desloges:

Al comienzo de mi desgracia, y por el largo tiempo en el que viví alejado de otros Sordos, mis únicos recursos de expresión eran escribir o mi pobre pronunciación. Por mucho tiempo ignoré que existiera la lengua de señas. Solamente me valía de algunas señas aisladas e inconexas. No conocía el arte de combinarlas para formar imágenes con las que se pueden representar varias ideas, y transmitirlas a sus pares, y conversar en un discurso lógico.

El conocer la lengua de señas se convirtió para Desloges en la posibilidad de tener una vida social, pues con ella podía comunicarse sin limitaciones. A partir de allí Desloges conoció los métodos de trabajo usados por de l ́Epée en su escuela. Los niños sordos, pudo observar Desloges, aprendían sin dificultad y con gran provecho cuando se les instruía a través de la lengua de señas.

Se sabe que Desloges también escribió algunos otros libros de contenido politico, que tuvieron una buena acogida entre el público, en los años de la Revolución Francesa (tras 1789). No se conocen el lugar ni la fecha de su muerte, aunque se presume que no debió haber fallecido antes de 1792, la fecha de publicación de su último libro.

El libro de Deschamps

 Portada del libro de Deschamps en Gallica
Portada del libro de Deschamps en Gallica

El abbé Deschamps, en su libro, arremetía en él contra los métodos usados por de l ́Epée, y afirmaba que la lengua de señas no debería usarse para educar a los niños sordos, por ser mno ser una lengua verdadera, sino apenas un sistema de comunicación pobre e incapaz de codificar nociones abstractas.

Discípulo de Jacob Rodrigues Pereira (que en la época era también muy conocido como maestro de sordos, y trabajaba en la ciudad de Burdeos), Deschamps era partidario de que la educación de los Sordos se basara exclusivamente en enseñar la lengua hablada y escrita. Afirma que sus métodos de enseñanza son muy duros, tanto para el alumno como para el maestro, pero que con el tiempo rinden sus frutos. Veamos un fragmento de Deschamps acerca de esto, transcrito por Desloges en su libro:

Nuestras lecciones no están acompañadas por el placer: lejos de ello, ellas parecen representar un grado intenso de aburrimiento y disgusto, no son saludables … A estas afirmaciones debe añadirse el desagrado inherente que necesariamente implica este tipo de instrucción … la mutua impaciencia del maestro y sus discípulos ante la ausencia de progreso observada tras repetidos esfuerzos, tras la mayor atención, tras la mejor voluntad (…) Es imposible dar una idea de la paciencia requerida al comienzo de esta instrucción.

La respuesta de Desloges

Desloges escribió prontamente su crítica a las afirmaciones de Deschamps. El texto resultó en un libro menudo, titulado Observations d’un sourd et muet sur Cours élémentaire d’éducation des sourds et muets’, publié en 1779 par M. l’abbé Deschamps (Observaciones de un sordo­mudo al libro « Curso elemental para la educación de los sordo­ mudos », publicado en 1779 por el Sr. Abad Deschamps). Desloges procuró que de l ́Epée prologara su libro, pero en vista de que este no pudo asumir el trabajo, se encargó la edición del libro a otro abad parisino, Copineau. Además de corregir el libro, Copineau escribió también en él una serie de interesantes comentarios.

Si atendemos a lo que relata Copineau en sus notas al libro de Desloges, la gente de la época reconocía el éxito alcanzado por los maestros oralistas para enseñar a sus alumnos, pero entre esos éxitos no estaba el de hablar. Tampoco lo conseguía de l ́Epée. Voy a transcribir un pasaje suyo (de la Nota 5 de Copineau al libro):

Vamos a hablar francamente: “leer los labios” o “adivinar lo que dicen los labios” es de utilidad más aparente que genuina para los sordos. Sabemos que el Sr. Pereira [Jacob Rodrigues Pereira] trabaja en hacer hablar a sus alumnos. El tiene, ciertamente, toda la paciencia y el talento requeridos para lograrlo, pero tenemos que admitir que incluso los más aventajados entre sus alumnos todavía hablan muy pobremente. Su pronunciación es ruidosa, lenta, descoordinada, y resuena en los oídos debido al evidente esfuerzo que les cuesta producirla.
(…) [esto no] es culpa de los maestros. Ellos hacen todo lo humanamente posible. Pero la voz sólo puede ser correctamente dirigida por el oído, y ninguna otra guía puede reemplazarlo de manera adecuada. De este modo, los sordos mejor educados utilizan muy poco el habla. Conozco y he visto muchas veces al alumno que ha representado el mayor honor para el Señor Pereira [Saboureux de Fontenay]. Este joven es muy instruido, con un gran conocimiento en una variedad de temas, y es especialmente versado en lenguas. El mismo coincide conmigo en todo lo que acabo de afirmar, y quiere conversar únicamente a través de la escritura. Generalmente, todos los demás sordos expresan la misma repugnancia a hablar. Mientras más instruidos son, mejor aprecian lo inadecuado de su habla.

Desloges argumenta que el orden natural de instrucción es comenzar con las cosas más sencillas, e ir introduciendo progresivamente las cosas más complejas, en la medida en que los alumnos evidencia comprender el sentido de lo que aprenden. Deschamps, sin embargo, violenta ese orden natural, al proponer un método que demanda cualidades que son extremadamente raras tanto en maestros como en estudiantes. La lengua de señas, la lengua natural de los Sordos, permite un proceso de enseñanza adecuado y amable.

Por esta razón, excluyo su condena [la de Deschamps] y proscripción de la lengua de señas, porque estoy convencido de que ella es el medio más seguro y natural para guiar a los sordos a comprender todas las demás lenguas. La naturaleza dio a los sordos esa lengua para sustituir todas las demás lenguas de las cuales ellos están privados.

Deschamps arguye que la lengua de señas es incapaz de codificar y transmitir conceptos abstractos. Desloges replica que eso es probablemente cierto en el caso de aquellos sordos que viven aislados y lejos de la compañía de otros sordos. Pero aquellos que tienen la suerte de habitar en ciudades como París, donde tienen la posibilidad de constituir comunidades, desarrollan una lengua rica y compleja :

Por lo tanto, cuando un sordo encuentra a otros sordos que tienen una mejor educación que él mismo, como fue también mi experiencia, aprende a combinar y mejorar sus señas, que hasta ese momento habían sido desordenadas e inconexas. En el intercambio con sus camaradas adquiere en poco tiempo el supuestamente complicado arte de representar y expresar todos sus pensamientos, incluso aquellos más independientes de los sentidos, usando señas naturales con tanto orden y precisión como si hubiera comprendido las reglas de la gramática

La lengua de señas, continúa Desloges, es una imagen fiel de los objetos expresados, lo que la hace  singularmente apropiada para expresar nuestras ideas del modo más exacto y para extender nuestra comprensión al permitirnos formarnos el hábito de la constante observación y el análisis. Esta lengua es vital, retrata sentimientos, y desarrolla la imaginación. Ninguna otra lengua es más adecuada para codificar emociones grandes y fuertes.

No hay limitaciones en lo que puede expresar una lengua de señas. Ellas pueden, afirma Desloges, traducir de modo fiel todo lo que se puede decir con el habla.

De tal modo, según aclara Desloges, Deschamps esgrime dos argumentos erróneos en su libro: en primer lugar, es falsa su apreciación de que las lenguas de señas son sistemas de comunicación limitados y pobres. Desloges puede negar esa premisa en su doble condición de hombre de letras y usuario de una lengua de señas. En segundo lugar, Deschamps dice que su método de enseñanza es imperfecto, pero que espera por la aparición de otro método más perfecto para enseñar a los Sordos. Ese método ya existe, dice Desloges, y es natural y adecuado: se trata del usado por el Abad de l ́Epée en su escuela, donde a través de la lengua de señas se enseña exitosamente otras materias a los alumnos Sordos.

Deschamps, muestra todavía Desloges, se contradice a sí mismo varias veces a lo largo de su libro. Así, en algunas partes de esa obra reconoce el mérito del trabajo de de l ́Epée (basado en el uso de una lengua de señas):

Ideas abstractas, tanto como aquellas que formamos con la ayuda de los sentidos –todo yace en la provincia de la lengua de señas .. la lengua de señas puede suplantar el habla. Es articulada rápidamente, clara en sus principios, sin mayores dificultades en su ejecución.

Pero después de hacer una defensa tan cabal de la lengua de señas, Deschamps añade:

Sin embargo, a pesar de lo maravilloso de este método, insisto en no seguirlo (…) la inclinación de los sordos a expresarse en señas no prueba que este sea el mejor método para su educación (…) El significado de las cosas no es más difícil de adquirir, para los sordos, a través del habla que a través de las señas.

Desloges mismo se maravilla de semejante contradicción. Para sustentarla, Deschamps esgrime luego argumentos tan fantásticos como la dificultad que los sordos tienen para comunicarse en la oscuridad (cosa que Desloges se dedica a negar, contando que los Sordos pueden comunicarse en ausencia de luz haciendo las señas con las manos de su interlocutor).

El libro de Desloges expone asimismo variados ejemplos de la estructura de la lengua de señas, en una suerte de tratado gramatical. Insiste en concluir que sin la lengua de señas no es posible educar a los Sordos. Sin ella, es imposible hacer de los alumnos otra cosa que máquinas de hablar.

La lengua de señas francesa no fue inventada por de l ́Epée

Otra afirmación muy importante del libro de Desloges es que la lengua de señas era ya usada ampliamente entre los Sordos parisinos antes de que el Abad Michel de l ́Epée fundara su escuela. Esa idea, que ya circulaba entre intelectuales y gente común del siglo XVIII, está también en el libro de Deschamps. Cuando habla del trabajo de de l ́Epée escribe Deschamps:

En esta lengua de señas él [de l ́Epée] descubrió el arte de expresar todas las ideas, todos los pensamientos, todas las sensaciones. El ha hecho tan combinables y variables como las lenguas que normalmente usamos para hablar de todas las cosas en el mundo moral y físico.

Desloges comenta esta especie así :

El Abad Deschamps no está solo en su creencia de que el Abad de l ́Epée es el creado de la lengua de señas. Pero esa opinión es insostenible, y yo mismo he mostrado ya que mis camaracdas iletrados que no han visitado la escuela de este dotado maestro hacen uso extendido de la lengua de señas, y que ellos poseen ya el arte de dar representación visual a sus pensamientos e ideas, e incluso a aquellas más independientes de los sentidos.

Es interesante recalcar que incluso entre muchas personas que aceptan la bondad del uso de la lengua de señas para educar a los niños Sordos persiste la idea de que incluso si esa lengua fue creada por la comunidad Sorda, alcanzó su potencial expresivo solamente tras la intervención en ella de personas oyentes. Es esta una especie que debe rebatirse con fuerza.

Las lenguas de señas y la búsqueda de una lengua universal

No pocos intelectuales del así llamado Siglo de las Luces, el Siglo XVIII en que vivieron los personajes que estamos recordando aquí, se afanaban en la búsqueda de la lengua universal, de aquella que fuera más adecuada para expresar el pensamiento y los sentimientos humanos, y que permitiera concretar el sueño de eliminar las barreras de comunicación entre los seres humanos. Entre ellos, no pocos creyeron encontrar esa lengua en la usada por los Sordos. Leamos una cita hecha por el mismo Desloges extraida del libro Ensayo sintético acerca del origen y formación de las lenguas (Ruault, 1774) :

Esta lengua es una clase de pintura que ubica los objetos frente a nuestros ojos, por decirlo así, a través de gestos, actitudes, diferentes posturas, movimientos corporales y acciones. Esta lengua es tan natural a la humanidad que a pesar de la ayuda que tenemos de las lenguas habladas para expresar nuestros pensamientos con todos sus matices, hacemos uso frecuente de ella, especialmente cuando estamos movidos por la pasión, y nos apartamos del tono frío y mesurado prescrito por nuestro entrenamiento institucional, para acercarnos más al tono de la naturaleza.
Esta lengua es también común a los niños. Es el único lenguaje que los mudos pueden usar entre ellos, y es un hecho establecido que con esa lengua pueden ellos llegar lejos en la comunicación de sus pensamientos.

El libro de Desloges no es simplemente valioso por la circunstancia histórica de ser el primer libro escrito y publicado por un Sordo. Su contenido no ha perdido actualidad, habida cuenta de que la situación que enfrentan los Sordos, en su lucha por ser reconocidos como una minoría lingüística, no parece haber cambiado mucho en los más de dos siglos transcurridos desde entonces. No existe todavía, lamentablemente, una traducción al español de este trabajo, que es una referencia clásica de los estudios Sordos.

Este artículo, publicado originalmente en formato PDF en www.cultura-sorda.eu,
fue copiado íntegramente por un anónimo colaborador de Wikipedia en español y publicado bajo el URL http://es.wikipedia.org/wiki/Pierre_Desloges
sin dar crédito a mi autoría (es decir, violando la licencia CC con que se publicó).

Fuentes:

Deschamps, Abbé Claude François (1779) Cours élémentaire d’éducation des sourds et muets. París: Chez les frères Debure. El tomo original, publicado en facsímil en la Biblioteca Nacional de Francia, Gallica, bajo http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k1089819, contiene realmente dos libros. Junto al de Deschamps se incluye asimismo una traducción al francés (Dissertation sur la parole) del clásico tratado Surdus loquens, escrito en latin por el maestro suizo Jean-Conrad Amman en 1692. La traducción al francés fue hecha por un médico parisino, Beauvais de Préau.

Desloges, Pierre (1779) Observations d’un sourd et muet sur ‘Un Cours élémentaire d’éducation des sourds et muets,’ publié en 1779 par M. l’abbé Deschamps (Amsterdam and Paris: Morin, 1779). Publicado en facsímil en la Biblioteca Nacional de Francia, Gallica, bajo http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k749465

Fischer, R. (2002) “The Study of Natural Sign Language in Eighteenth ­Century France”. Sign Language Studies (2, 4, Verano 2002), págs. 391­-406.

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