Manuel Ramírez de Carrión, en la obra de Juan Bautista de Morales “Pronvnciaciones generales de lenguas…, y Sinificación de letras en la mano” (Montilla, 1623)

ANtonio-GasconPor Antonio Gascón Ricao,

Barcelona, 2010.

Sección: Artículos, historia.

 

  1. Montilla punto de referencia

Tal como se podrá ver a todo lo largo del presente estudio, y con total indiferencia de que en los últimos tiempos estén apareciendo numerosos trabajos inéditos, respecto a los orígenes de la educación de los sordos en España, el hecho cierto es que a los investigadores todavía nos quedan innumerables espacios por explorar.[1]

Espacios antedichos en los cuales se pueden incluir, sin menoscabo alguno, personajes muy concretos, que citados de común en dicha Historia, son en realidad unos grandes desconocidos, al haberse utilizado durante siglos, tanto sus vidas como sus obras, en provecho único y exclusivo de extravagantes teorías partidistas, y por tanto deformándolas y retorciéndolas en aras del interés de unos cuantos compatriotas nuestros, obcecados en su empeño por mantener vivo, a cualquier precio, el principal mito mediático de dicha Historia: el del monje benedictino Fray Pedro Ponce de León.[2]

Es por ello, que el simple hecho de rescatar sus vidas autenticas, como acaece en el presente trabajo, permite, en primer lugar, desmontar desentrañando de paso la tupida red de enredos interesados creados en torno a los mismos. En segundo lugar, ilustrar más y mejor el ambiente de aquella época y al mismo tiempo conocer con más precisión, desde el campo histórico y documental, como debe ser, los incipientes y obscuros inicios de la educación de los sordos en España.

Sirva como ejemplo la persona y la obra de Juan Bautista de Morales, impresor, entre otras obras, de la controvertida Pronvnciaciones generales de lenguas, (Montilla, 1623),[3] y en el caso de dicha impresión, al darse en ella una serie de circunstancias inherentes al propio autor, puesto que aquellas pasaron por cuestiones tanto familiares, laborales, temporales como geográficas, y entre ellas resaltar el hecho fundamental de que Bautista de Morales era contemporáneo y vecino del conocido maestro de sordos Manuel Ramírez de Carrión y, además, de Alonso Fernández de Córdoba, Marqués de Priego, sordo noble notorio y patrón en su caso de Ramírez de Carrión, y por tanto residentes los tres en el pueblo cordobés de Montilla.

Y aquí, en este punto concreto, hubiera concluido la historia de aquella publicación, de no darse la feliz casualidad, o según se mire, el azar, de que justamente en aquella misma obra de Bautista de Morales, en un principio concebida y dedicada a la memoria póstuma de la labor realizada por su difunto hermano Cristóbal de Morales, maestro en primeras letras, apareció, por primera vez en la Historia, el nombre y los supuestos logros alcanzados por el maestro de sordos Manuel Ramírez de Carrión.

Feliz circunstancia que en la actualidad nos permite una aproximación directa al mismo asunto, aunque entrevisto bajo la visión particular e interesada del propio Bautista de Morales, al ser en aquel momento preciso testigo directo y privilegiado de dicha historia de Manuel Ramírez de Carrión.[4]

Detalle en el cual nadie reparó durante siglos, salvo el benedictino Justo Pérez de Urbel,[5] que en 1973 se encargó de utilizar la misma obra de Bautista de Morales, no para informar al lector de lo que seguidamente se explicará, sino como arma arrojadiza en su “cruzada” particular contra el aragonés Juan de Pablo Bonet, al andar en aquel momento Pérez de Urbel empeñado en difamar como fuera la obra y la persona de Pablo Bonet, y en aquella ocasión concreta, acusándolo de ser la “mano negra” que había conseguido paralizar durante cinco largos años, con medios arteros e ilegales, aquella edición de Pronvnciaciones generales de lenguas obra de Bautista de Morales.

Según Pérez de Urbel, aquella “operación” de “frenado” de dicha publicación, por parte de Pablo Bonet, había tenido como objetivo personal encubrir su impostura, puesto que todos sus conocimientos tanto intelectuales como pedagógicos, aparecidos en su obra de 1620,[6] según la extravagante teoría de Pérez de Urbel, provenían de su relación personal en Madrid con Ramírez de Carrión.

Falsa historia argumentada sin prueba alguna, tal como se verá, pero mediante la cual Pérez de Urbel pretendió incrementar, si cabía aún más, el gran mito mediático de Pedro Ponce de León, desprestigiando en todo lo posible tanto a Ramírez de Carrión como al propio Pablo Bonet.

A todo esto, por una de aquellas casualidades, todos los hechos hasta hoy conocidos parecían apuntar a la circunstancia de que Bautista de Morales había sido el impresor de una de las dos ediciones de la única obra del maestro de sordos Manuel Ramírez de Carrión, Maravilla de Naturaleza, (Montilla, 1629), pero asunto cuando menos discutible, como habrá ocasión de comprobar.

  1. Juan Bautista de Morales y el “alfabeto manual español”

La primera persona que habló en España, largo y tendido y en el siglo XVII, sobre la persona de Manuel Ramírez de Carrión, y más en particular sobre su labor como maestro de sordos, fue el autor e impresor Juan Bautista de Morales, natural de Montilla, dueño de una imprenta en aquella población cordobesa, al hacer hincapié de ello en el propio título de una de sus obras, titulada: Pronunciaciones generales de lenguas, ortografía, escuela de Leer, Escribir y Contar y Sinificacion de Letras en la Mano (Montilla, 1623).

Por otra parte, sin entrar en otras cuestiones puntuales, como por ejemplo, sobre el asunto del origen primero del “alfabeto manual” español para sordos,[7] viene a resultar que hoy conocemos, gracias a aquella obra concreta de Bautista de Morales, que aquel alfabeto manual, aparecido en España durante el siglo XVI, también lo estaba utilizado en el siglo siguiente, en beneficio propio, Ramírez de Carrión, detalle puntual que el personaje jamás hizo público.

Por ello, a falta de mejores pruebas, se puede afirmar que gracias a la inquietud editorial de Bautista de Morales, hoy sabemos que Ramírez de Carrión, en orden cronológico, pudo ser, según se mire, el tercer personaje conocido que utilizó en nuestro país dicho alfabeto manual, aplicándolo en su caso al campo concreto de la educación del sordo, siendo los dos primeros el franciscano Melchor Sánchez de Yebra y Juan de Pablo Bonet.

Todo ello, con indiferencia de que algunas de las posturas o posiciones de las letras individuales, estuvieran en la mano Ramírez de Carrión algo alteradas con respecto al primer alfabeto conocido e impreso de 1593, que apareció publicado dentro de la obra del franciscano Melchor Sánchez de Yebra Refugium infirmorum, probablemente a causa de su antiguo y continuado uso por parte de los usuarios, tanto oyentes como sordos, sin descartar que Ramírez de Carrión intentara dejar en él, como es lógico y humano, su propia impronta personal.[8]

Aquel mismo asunto debió llevar a Juan Bautista de Morales a la tesitura de tener que justificar, en su obra de 1623, la existencia anterior de aquel mismo alfabeto manual, y su utilización por parte de los sordos, en su caso, de los alfabetizados, y en todos los casos como consecuencia, es de imaginar y suponer, de la labor anónima de otros anteriores maestros españoles de sordos hoy desconocidos.

Detalle que obligó a Bautista de Morales a tener que describir dicho alfabeto dentro de un apartado genérico de su obra, y por lo mismo, teniendo que dar, además, noticias directas y justificativas, aunque, por desgracia, muy cortas, respecto al método pedagógico general que estaba utilizando Ramírez de Carrión en aquella enseñanza tan peculiar para la época.

Pero detalles todos ellos que por otra parte Ramírez de Carrión jamás hizo públicos, y en su caso personal por cuestiones meramente económicas, ya que, de hacerlo, su “negocio” con los sordos hubiera dejado de ser su principal medio de vida. Advirtiendo de paso que dicha obra de Bautista de Morales, aunque escrita en 1618, no aparecería impresa hasta el año 1623, pero por motivos que nada tuvieron que ver con las acusaciones lanzadas en 1973 contra Pablo Bonet, por parte del benedictino Justo Pérez de Urbel.

De este modo, según explicaba en su obra Bautista de Morales respecto al alfabeto manual español, aquellas mismas letras (manuales o dactilológicas), que tiempo atrás habían sido “dignas de admiración”, es de suponer que en nuestro propio país, pero hecho que no consta en ninguna fuente conocida, ni a favor ni en contra, y dejando en el olvido explicar Bautista de Morales el origen primero de dichas letras, según él, eran dignas de admirar mucho más en el tiempo que él escribía su obra (1618), gracias a haberlas “levantado”, [9] o según se mire, rescatado Ramírez de Carrión, poniéndolas de nuevo en práctica dentro de su labor con los sordos, un hecho a todas luces evidentemente muy exagerado.

Sin embargo, de aquellos mismos comentarios de Bautista de Morales, se venía a desprender, de forma sutil, el hecho de que Ramírez de Carrión había “rescatado” aquel alfabeto manual sacándolo de una supuesta e hipotética decadencia o desuso, elevándolo a un nivel de perfección hasta entonces nunca visto, cuando no consta ni existe noticia alguna que corrobore semejante noticia y menos aún en España.

De hecho, lo único que era susceptible de “realzar” en aquel mismo alfabeto, después de su primera aparición conocida, impreso dentro de la obra del franciscano Melchor Sánchez de Yebra Refugium infirmorum de 1593, era la posibilidad de ir incluyendo en él nuevas letras, en todos los casos consonantes, y con la excepción de la vocal “u”, (en 1620 Pablo Bonet todavía daba la misma figura o configuración para la “V” mayúscula y la “u” minúscula), que poco a poco y sucesivamente se estaban incorporando, por puras necesidades lingüísticas, al estar todavía incompleto el abecedario castellano y de él a la escritura normalizada, tanto en la imprenta como en la escrita vulgar y común. [10]

Por poner ejemplos muy simples, Juan de Pablo Bonet aportó en 1620 tres letras manuales más que Melchor Sánchez de Yebra, la “j”, la “u” minúscula, y apuntando a la “ñ”, al explicar el modo de poder representar con la mano los “tildes”,[11] mientras que las innovaciones de Manuel Ramírez de Carrión fueron el aportar figura a la “ll”, de hecho un dígrafo, y a la “ñ”, pero desconociendo las letras “j” o la “u”, ambas aportadas por Pablo Bonet.[12]

Ignorándose por tanto, a fecha actual, si aquella circunstancia denunciada por Bautista de Morales había acaecido tal cual, o por el contrario formaba parte de una pura y dura alabanza del autor dirigida en directo a Ramírez de Carrión. Cuestión última con visos de ser la más probable.

Por lo mismo, de situarnos de forma hipotética en la época, se hace comprensible el interés personal de Bautista de Morales por resaltar dichas cuestiones encaminadas a mayor gloria y fama de Ramírez de Carrión. Muestra de ello fue la inclusión, dentro del propio título y en la misma portada de su obra, de la apostilla “Sinificación de letras en la mano”, haciendo de aquel modo una clara alusión directa al alfabeto manual español, y de paso al uso que de él estaba haciendo el propio Ramírez de Carrión.

Personaje en aquel momento encumbrado, al ser en aquellos años maestro, secretario e intérprete del sordo noble Alonso Fernández de Córdoba, Marqués de Priego, señor de Montilla, residentes ambos en la misma población, al igual que Bautista de Morales.

Hechos que debieron influir y mucho en la voluntad y en el ánimo de Bautista de Morales, a la hora de decidir la inclusión en su obra de las noticias que tenía respecto a Ramírez de Carrión, y es de suponer que por una simple cuestión de dependencia y vecindad, aunque afirmaciones por parte de Bautista de Morales que vistas las pruebas, en principio, resultaron muy exageradas, por no afirmar que en algunos casos eran directamente falaces

Prueba de ello, es que hoy sabemos, por fuentes francesas y trascurridos casi 140 años de aquellas mismas noticias de Bautista de Morales, que aquel mismo alfabeto manual no entró nunca en decadencia, tal como afirmaba el personaje, sino al contrario, se hizo muy popular. Circunstancia que no se debió precisamente a su divulgación por parte de Ramírez de Carrión, puesto que nunca lo hizo público, sino a causa de la gran difusión que tuvo por toda Europa la obra de Pablo Bonet, editada en Madrid en el año 1620.[13]

Según aquellas noticias, en el siglo XVIII aquel mismo alfabeto era utilizado de normal en España, Francia e Italia, y en las dos últimas naciones de la mano de una parte de la diáspora judía española,[14] comunidad étnica expulsada de España en 1492, y por tanto alfabeto que evidentemente procedía en origen de España, nadie lo ha puesto jamás en duda, pero que debió ser ideado entre aquella última fecha y los mediados del siglo XVI, en su caso por los judíos conversos, mediante el cual se podía hablar en público, reconociéndose entre ellos mismos y de ser prudentes, sin llamar demasiado la atención de sus contemporáneos.

De hecho, se sabe con certeza que dicho alfabeto manual, de uso ambivalente, puesto que lo podían utilizar en su provecho personal tanto oyentes como sordos, era conocido y utilizado, como mínimo, cincuenta años antes de aquella afirmación de Bautista de Morales de 1623, en la propia Castilla y más aún en concreto en Toledo, ciudad con una importante población de judíos conversos.

Lugar de donde precisamente eran originarios los propios padres de Ramírez de Carrión, y matrimonio que con el tiempo acabará afincado en Hellín, población actualmente situada en la provincia de Albacete, y por tanto lugar de nacimiento de Ramírez de Carrión.

A todo esto, de entrar en detalles, dicho alfabeto manual se había publicado impreso en España treinta años antes de aquellos elogiosos comentarios de Bautista de Morales, concretamente en 1593. En aquel caso, en una publicación póstuma que apareció gracias al interés puesto en él por parte del monje franciscano Melchor Sánchez de Yebra,[15] o tres años atrás por el aragonés Juan de Pablo Bonet, buenos grabados incluidos en ambos casos, pero obras o autores que de forma negligente Bautista de Morales olvidó citar, como era de recibo, pensando siempre en el beneficio del lector.

Buena prueba del interés y del extendido uso de aquel alfabeto manual, fue que en 1691, el pintor García Hidalgo propuso otro nuevo, argumentando que el suyo era distinto del antiguo, y que tenía la gran ventaja de poder formarse delante del pecho, evitando con ello que ojos ajenos lo pudieran leer desde detrás o por el costado, al ser más encubierto que el anterior, aunque aquella propuesta no prosperó:

“Nuevo Abecedario Visual y demostrativo para enseñar a los Mudos y hablar con Mudos Estilo Palaciego Silencioso y de ingenio, es distinto del antiguo y tiene la comodidad de formarse delante del pecho con que no leeran datras ni de lado lo que se habla”.[16]

  1. Los comentarios de Bautista de Morales sobre Ramírez de Carrión

Conocido ahora, a grandes rasgos, lo anterior, por aclarar cuestiones, será interesante conocer primero lo que en concreto afirmaba Bautista de Morales respecto a aquel mismo alfabeto, y en particular sobre la labor que había desarrollado con los sordos Ramírez de Carrión, para después poder entrar al detalle:

“Letras por la mano para hablar y entenderse, principalmente con mudos y sordos

Por ser cosa curiosa y aun forzosa el hablarse y entenderse por las letras de la mano entre los presentes, como entre ausentes por escrito: me pareció sería bien fuesen en este Tratado de Letras y pronunciaciones del abecé. Que si en algún tiempo han sido dignas de admiración es en éste, por el grado en que las ha levantado Manuel Ramírez de Carrión, maestro de príncipes, milagro de las gentes de este tiempo, pues en ellos ni los pasados se ha conocido quien con tan suave y breve reforma corrija los defectos de naturaleza en parte tan principal y cosa tan esencial como es hablar; pues con ella enseña escribir, leer, entender, y hablar los mudos, con tan verdadera pronunciación, como si hubieran estudiado y aprendido muchas lenguas; varón dignísimo ( de mas de que por su virtud, nobleza, afabilidad, buena intención y otras muchas buenas partes merece) que por esta sola las historias lo eternizen, y que haya Apeles, Timantes y Lisipos que en tablas, bronce y marmor por todo el mundo hagan conocida su persona, a quien se debe el modo breve de enseñar a leer que va al principio deste libro”.[17]

En primer lugar, y dando por sobreentendido que Bautista de Morales, por su doble profesión de autor e impresor debería tener buenos y amplios conocimientos de todo tipo, así como noticias ciertas respecto a imprentas e impresiones, de autores, de grabados y grabadores de su tiempo, por lo mismo, en principio resultan desconcertantes algunos de sus comentarios, o algunas de las afirmaciones que vierte en las líneas antes vistas.

Más aún cuando al final Bautista de Morales en vez de hacer grabar para su obra y por persona ajena, convenientemente, las diferentes posiciones o posturas de la mano que permitían conformar todas y cada una de las letras del alfabeto manual, pasará a describir, pero por escrito, dichas posturas manuales, cuestión evidentemente complicada y más aún su interpretación por parte de los profanos, causando con ello, incluso en la actualidad, ciertas confusiones referidas al asunto posicional.[18]

Hecho aquel, a todas luces paradójico y anormal, de tenerse en cuenta, además, que existían en España dos muestras grabadas anteriores de aquel mismo alfabeto manual. La primera, impresa en 1593 y realizada por un grabador desconocido, pero muy original en su concepción, y que se puede ver en la obra de Melchor Sánchez de Yebra, Libro llamado Refugium infirmorum, [19] y la segunda de 1620, que en su caso se puede ver en la obra de Pablo Bonet, Reduction de las Letras y Arte para enseñar á ablar los Mudos.[20]

Por lo mismo, la única explicación lógica a aquel aparente “descuido” de Bautista de Morales podría pasar por no pretender el autor con ello entrar en conflicto, por ejemplo, con el famoso grabador de su misma época Diego de Astor,[21] en aquel caso afamado grabador de la portada y del alfabeto manual aparecido en 1620 dentro de la obra de Pablo Bonet, puesto aquel grabado suyo, realizado por el grabador que fuese, no dejaría de ser una mera copia del grabado anterior de Diego de Astor.

Pero más curioso aún que lo anterior, resulta ser el título que dio Bautista de Morales a aquel apartado, de proceder a unirlo, sin transición, al comentario siguiente con el cual se iniciaba el primer párrafo: “Letras por la mano para hablar y entenderse, principalmente con mudos y sordos […] Por ser cosa curiosa y aun forzosa el hablarse y entenderse por las letras de la mano entre los presentes”.

Pues, de proceder a una lectura pausada de lo anterior, de entrada, en el propio título y en el inicio de sus comentarios, Bautista de Morales está afirmando que dicho alfabeto manual se estaba utilizando en su época, de forma casi “forzosa”, para “hablarse” y “entenderse”, se sobreentiende, que entre los oyentes “presentes”. Cuestión que de nuevo nos retrotrae al momento mismo de la creación de dicho alfabeto, y en particular a los motivos que debieron dar lugar a su uso entre una minoría perseguida a causa de su religión.

Todo ello sin explicar Bautista de Morales tampoco, primero, de dónde lo había sacado por su parte y en primera instancia Manuel Ramírez de Carrión, y menos aún el por qué de la perentoria y general “necesidad” de su uso por parte de los oyentes, salvo que fuera en beneficio del secreto de determinadas conversaciones privadas, y suponiendo siempre que los ojos ajenos desconocían el uso de aquel mismo alfabeto manual, pero alfabeto manual, que según Bautista de Morales, también se utilizaba, “principalmente”, con “mudos” y “sordos” en general.

Distinción aquella clarísima por parte de Bautista de Morales, que indica su conocimiento de la existencia de “mudos”, a causa de motivos de nacimiento o biológico, o por enfermedades tales, como por ejemplo, la afasia, pero no sordos en el sentido físico o médico del término que en la actualidad entendemos.

Mudos, que en el caso de tenerse que comunicar con los oyentes, por obligación usarían, en primer lugar, “señas”, al igual que de común hacían los sordos, o la escritura, eso sí, si antes alguien se había molestado en enseñar a dichos “mudos” la lectura y la escritura, que es mucho suponer, pero siempre y cuando el supuesto oyente interlocutor, se supone, estuviera previamente escolarizado, o utilizando directamente dichos mudos el “alfabeto manual español”, como afirma Bautista de Morales, y de nuevo siempre y cuando el “mudo” antes hubieran sido escolarizado e impuesto en el uso de dicho alfabeto manual, y de ser así, por una pura y simple economía de medios, pues el papel y la tinta resultaban caros en aquella época.

Alfabeto manual que servía a su vez, según Bautista de Morales, para que mediante su uso los sordos pudieran “hablar” y “entenderse” con los oyentes, aunque claro está siempre y cuando aquellos supuestos sordos hubieran estado previamente alfabetizados y escolarizados por un maestro muy especializado, que como era lógico cobraba por su trabajo y mucho, como era el caso mismo del propio Ramírez de Carrión, y por tanto precio que los pobres no podían permitirse el lujo de pagar, pues de poco o de nada les hubiera servido pagar el precio del maestro, si después su hijo o hija sorda les “hablaba” usando el alfabeto manual o escribiendo, siendo sus padres, sus hermanos o todos los parientes analfabetos, tal como en general acaecía.

Aunque de hecho y bien mirado, de creer a Bautista de Morales, si Ramírez de Carrión consiguió enseñar a hablar vocalmente a algunos sordos, en los casos de sus discípulos descritos por él mismo en su obra Maravillas de Naturaleza, (Montilla, 1629) viene a resultar que todos ellos eran sordos postlocutivos y no de nacimiento, y además miembros de familias nobles, lo lógico sería que el sordo hablara vocalmente a su interlocutor oyente, y a la inversa, que dicho interlocutor le contestara, al desconocer el sordo la “lectura labial”, de la cual nada dice Bautista de Morales, mediante el uso del alfabeto manual, siempre en el supuesto de que dicho interlocutor estuviera escolarizado al igual que el sordo de referencia, tal como exponía en su obra Pablo Bonet.

Es por ello que aquella enseñanza, habrá que reconocerlo, era en el fondo muy restringida y limitada, por no decir directamente elitista, y más aún cuando la experiencia demuestra en la actualidad que el colectivo sordo padece, en general, graves problemas de comprensión en la lectoescritura, o que muy pocos de ellos son capaces de leer con soltura y de normal los labios de su interlocutor.

De lo anterior se desprende que aquellos comentarios de Bautista de Morales, repletos, eso sí, de buena voluntad, de mejores esperanzas y de mucho optimismo, no se correspondían en nada con lo que debería ser la realidad cotidiana pura y dura de aquella su época, y por tanto no tenían ningún sentido, puesto que los mudos, de ser pobres, eran directamente analfabetos, o los sordos pobres, en su caso, la gran mayoría, tampoco tenían acceso a aquella educación tan especializada, teniendo en cuenta que, por ejemplo, Ramírez de Carrión cobraba por impartirla.

Y en el caso de los sordos ricos escolarizados, también depende, pues los criados puestos a su servicio, no todos ellos estarían escolarizados, y por lo tanto malamente podían “leer” en la mano de su amo sus órdenes, y menos aún contestarle por el mismo medio, o mediante la escritura, incluso dando por supuesto que el sordo hablara vocalmente.

De lo cual se deduce directamente que aquel título o aquel comentario fue muy “engordado” con vistas a la “alabanza” posterior del sujeto principal de dicho comentario general: Manuel Ramírez de Carrión, maestro, secretario e intérprete del Marqués de Priego, dueño y señor de Montilla.

  1. Comparativa de métodos

Por otra parte, y aunque brevemente, Bautista de Morales daba a conocer en su obra el orden que seguía en su método Ramírez de Carrión, encaminado a escolarizar, se supone, a los sordos en general, que pasaba por enseñar, de acuerdo con las siguientes fases:   “escribir, leer, entender, y hablar los mudos, con tan verdadera pronunciación, como si hubieran estudiado y aprendido muchas lenguas.”

De aceptar como buena aquella somera descripción realizada por Bautista de Morales, respecto al método que utilizaba Ramírez de Carrión, y de seguir el mismo orden expuesto por Bautista de Morales,[22] no es difícil advertir que el método que utilizaba Ramírez de Carrión era totalmente diferente en sus fases educativas al propuesto en su obra por Juan de Pablo Bonet.

Y a la inversa, curiosamente muy similar, por no decir casi idéntico, al adoptado en su momento por el fraile benedictino Pedro Ponce de León en el siglo XVI, al iniciarse el mismo, y en primer lugar, con la enseñanza de la escritura, se supone que reiterativa, de muestra o copia, y hasta el aburrimiento, teniendo en cuenta que el sordo en aquella primera fase no entendería ni una “j” de lo que estaba haciendo, y por tanto limitado a tener que copiar o dibujar letras y palabras, para él sin ningún sentido lingüístico.

Advirtiendo por adelantado que en el método de Pedro Ponce de León, y antes de poner al sordo a escribir, había dos fases previas anteriores: la enseñanza de un alfabeto manual simbólico, puesto que nada tenía que ver con el actual alfabeto manual español, y por mostrarle al sordo distintas notas escritas, con los nombres propios de los objetos más cercanos, tales como “puerta”, “ventana”, “arcón”, o de las cosas de comer más habituales puestas estas a la vista, “pan”, “leche”, etc.

Fase educativa del sordo, en el caso de la enseñanza de la escritura, que en el método propuesto por Pablo Bonet era la última, dado el largo tiempo que se requería para que un niño “normal” tuviera la habilidad necesaria para manejar un pluma con soltura, elaborando con ella los distintos tipos o modelos de letras de moda en aquella época, hecho que como tal justificaba en su obra Pablo Bonet, que en algunos casos se alargaba durante años.[23]

Del mismo modo que la segunda y tercera fase de aquella misma enseñanza, realizada en su caso por Ramírez de Carrión, pasaba por enseñar al sordo a “leer” y “entender” lo leído, es de suponer que de forma mental en el caso del alumno sordo, dejando para lo último, según Bautista de Morales, la enseñanza del habla.

Visto lo anterior habrá que admitir que con aquellas dos fases Ramírez de Carrión seguía al pie de la letra el propio método de Ponce de León, ya que mediante el uso de la escritura Ponce de León tenía la esperanza de que al sordo, en algún momento dado, se le “encendiera” “la estimativa”, y con ella el “entendimiento” y el “sentido común”.

Hecho que de por sí no indica precisamente que Ramírez de Carrión fuera seguidor en todo lo de Ponce de León, puesto que no conoció su método, descubierto por Eguiluz Angoitia en 1986,[24] sino más bien que dicho método debió ser el más habitual y común entre los maestros de sordos de todas las épocas.

Cuestión que se puede probar en función de la existencia de otras noticias muy anteriores en el tiempo, en este caso en dos siglos antes y procedentes de Italia, donde determinados sordos habían aprendido a leer y escribir, y a leer, incluso, en los labios,[25] se supone que con la ayuda de maestros anónimos, y por tanto siglos antes de la aparición de los primeros maestros españoles con nombre y apellidos, como era el caso de Ponce de León o el del propio Ramírez de Carrión.

Del mismo modo que se observa, que la última fase de aquella enseñanza de Ramírez de Carrión pasaba por enseñar al sordo a “hablar”, y aunque no conste en el folio incompleto que se conserva de Pedro Ponce, con el mismo objetivo final.

Por tanto, ambos métodos, el de Ponce de León y el de Ramírez de Carrión, eran en esencia casi idénticos en su concepción pedagógica, pero inversos al de Juan de Pablo de Bonet, puesto que el suyo propio se iniciaba directamente por el habla y en paralelo por el conocimiento del alfabeto manual español, unido a la lectura del alfabeto común expuesto en un grabado, y de esta forma, el sordo en los inicios mismos de su enseñanza hablaba vocalmente, leyendo en voz alta las letras del alfabeto, y a su vez las representaba con la ayuda del alfabeto manual, aunque sin tener conciencia al principio de lo que estaba leyendo.

Detalle último sobre el uso de aquel alfabeto manual, que Bautista de Morales no menciona en su descripción del método utilizado por Ramírez de Carrión, hecho sorprendente después de la publicidad que hace de la aplicación de aquel mismo alfabeto manual por parte de Ramírez de Carrión, y por tanto ignorándose a fecha de hoy en que fase educativa lo pasaba a aplicar de forma práctica e intensiva.

En resumen. De acuerdo con lo que afirmaba Bautista de Morales en su obra, respecto al método de Ramírez de Carrión, quedan en claro varias cuestiones fundamentales. La primera, que Ramírez de Carrión, no sé sabe en qué fase de su educación, enseñaba a sus alumnos sordos el uso del alfabeto manual español, que a buen seguro pudo haber tomado directamente de los grabados aparecidos en la obra de Melchor Sánchez de Yebra de 1593, dada su gran semejanza con el suyo propio.

La segunda, es que el método de enseñanza de lectura utilizado por Ramírez de Carrión, tanto con los oyentes como con los sordos, y que Bautista de Morales describe con todo lujo de detalles en la misma obra era el manido “Silabario” adjudicando su invención a Ramírez de Carrión, “a quien se debe el modo breve de enseñar a leer que va al principio deste libro”, en sí mismo, era totalmente diferente a la ciencia de la Fonética descubierta por Pablo Bonet en 1620.

Tercera, las fases y la metodología de Ramírez de Carrión, respecto a aquella misma educación, seguían casi las mismas pautas y el mismo ritmo descritos por Ponce de León en su folio escrito en el siglo XVI, y por tanto ambas metodologías eran totalmente diferentes a la dada a conocer por Pablo Bonet en su obra de 1620.

En conclusión, si alguien aprendió algo más respecto a aquella misma enseñanza, aplicándolo en plano práctico y gracias a la publicación de la obra de Pablo Bonet, este fue sin duda alguna Ramírez de Carrión, y no a la inversa como hasta ahora se afirmaba de forma tan audaz.

Notas

[1] A. Gascón Ricao (2009): “Crónica simple de 10 años de investigación sobre la historia de la educación de las personas sordas”, ver http://www.cultura-sorda.eu.

[2] A. Gascón Ricao y J. G. Storch de Gracia y Asensio (2006): Fray Pedro Ponce de León el mito mediático. Los antiguos mitos sobre la educación de los sordos, Editorial universitaria Ramón Areces, Colección “Por más señas”, Madrid.

[3] Juan Bautista de Morales, Pronunciaciones generales de lenguas, ortografía, escuela de Leer, Escribir y Contar y Sinificacion de Letras en la Mano, Montilla, 1623.

[4] A. Gascón Ricao y José Gabriel Storch de Gracia y Asensio (2009): “Manuel Ramírez de Carrión, maestro de sordos en el siglo XVII: Nuevos apuntes biográficos”, publicado en la página http://cultura-sorda.eu/resources/Gascon_Storch _Ramirez_de_Carrion_2009.pdf

[5] Fray Justo Pérez de Urbel, Fray Pedro Ponce de León y el origen del Arte de enseñar a hablar los mudos, Madrid, 1973.

[6] Juan de Pablo Bonet, Reduction de las letras y arte de enseñar a ablar a los mudo, Madrid, 1620

[7] A. Gascón Ricao, “La influencia de los sistemas digitales clásicos en la creación del llamado alfabeto manual español, en Humanismo y Pervivencia del Mundo Clásico. Homenaje al profesor Antonio Fontán, Vol. 5, Instituto de Estudios Humanísticos de Alcañiz, CSIC, Universidad de Cádiz. Alcañiz-Madrid, 2002. pp. 2481-2503.

[8] A. Gascón Ricao (2004): “Historia del alfabeto dactilológico español”, publicado en http://www.ucm.es/info/civil/herpan/docs/alfabeto.pdf

[9] Levantar, equivale a “alzar”, “subir”, siendo sus sinónimos, “erguir”, “izar”, o “realzar”, términos todos ellos indicativos de un nivel elevado.

[10] En los principios del siglo XVII, la actual vocal “u”, en la escritura normal o en la imprenta, no se utilizaba siendo su substituta la consonante ”v”, tanto en mayúsculas como en minúsculas, por el contrario se seguía utilizando la “ç” (cedilla), que tiempo más tarde será substituida definitivamente por la “z”, del mismo modo que la “i” o “I”, tanto mayúscula como minúscula, era ambivalente con la actual “j”.

[11] Ver Capítulo IV de la obra de Pablo Bonet, titulado “Declaración de las demostraciones que significan la jota, y griega, zeda y tilde”

[12] De hecho, Pablo Bonet en su obra, hace relación de las letras del alfabeto castellano de su época, un total de 22, faltando en aquel momento la “j”, la “ñ”, la “w”, la “u”, la “k”, y los dígrafos “ch” “ll”, letras todas ellas que en la actualidad figuran en el mismo, dando lugar a las 29 letras actuales.

[13] A. Gascón Ricao (2003): “Juan Pablo Bonet, pionero de la fonética y sistematizador de la enseñanza a sordomudos”, Programa Europa de Estancias de Investigación 1987/2002, Zaragoza, pp. 237-242.

[14] El asunto se descubrió a causa de una reyerta que tuvo lugar entre el maestro francés de sordos Ernaud de Burdeos y el maestro español de sordos, de origen judío, Jacobo Rodríguez Pereira, incidente que se produjo en París en el año 1756. En el transcurso de la misma, quejoso Rodríguez Pereira, explicaba a todo el mundo que Ernaud estaba intentando copiar su método, afirmando éste, además, que había “aprendido de algunos Judíos españoles un alfabeto manual”, del que afirmaba que Rodríguez Pereira se servía, pero harto conocido en España e Italia.

[15] Respecto a aquel alfabeto manual, Sánchez Yebra lo justificaba afirmando: “A esta causa se pone aquí de San Buenaventura un Alfabeto o forma breve de loable vivir. Y servirá también en este Manual para ayudar (como lo demás del) a bien morir, y para este efecto, en cada letra del dicho Alfabeto, A, B, C, se pone una mano figurando la letra que es. Y no se pierde nada, que los que tienen ejercicio de ayudar a bien morir, aprendan y sepan hablar por las letras de la mano, que es común saberlo muchos […] Demás de esto aprovechará también el saber estas letras a los confesores, para responder y hablar a algunos penitentes muy sordos, que saben entenderse con las letras de la mano […] o será para consolar a otros sordos, que compelidos de la necesidad, aprenden la mano para poder tratar y comunicar con las gentes…”. “Libro llamado Refugium infirmorum, muy útil y provechoso para todo género de gente, en el cual se contienen muchos avisos espirituales para socorro de los afligidos enfermos y para ayudar a bien morir a los que están en lo último de su vida; con un alfabeto de San Buenaventura para hablar por la mano. Compuesto por el P. Fr. Melchor de Yebra, de la orden del seráfico P. San Francisco“, Madrid, Luis Sánchez, 1593.

[16] José García Hidalgo, Principios para estudiar el Nobilísimo y Real Arte de la Pintura de José García Hidalgo“, Madrid, 1691.

[17] J. Bautista de Morales, o. c, folio 28 y ss.

[18] Dicha descripción aparece a partir del folio 29 y ss. Ver anexo.

[19] Una mala muestra más de lo que actualmente corre impreso por España, pues el personaje no se lo merece, en este caso concreto respecto a la vida y obra del franciscano Melchor Sánchez de Yebra, es el libro titulado Primer Alfabeto para Sordomudos de Melchor de Yebra, de José de la Torre, Madrid, 2004.

[20] Juan de Pablo Bonet, Reduction de las Letras y Arte para enseñar á ablar los Mudos, Madrid, 1620.

[21] Diego de Astor (Mechelen, Flandes, h. 1585 ó 90 – Madrid, 1650) era una auténtica autoridad en la materia del grabado, al pertenecer a la primera generación de grabadores de libros en España que en su mayoría procedían de Flandes y que comenzaron a firmar sus obras saliendo así del anonimato. De poderosa personalidad, en su juventud se formó en el taller de El Greco, de donde pasó al Real Ingenio en 1609 sustituyendo al desconocido Hernando Andrea. Allí quedó, con ausencias notables, hasta 1636, cuando de manera definitiva fijó su residencia en Madrid donde hizo los modelos de los reales sellos, muriendo en dicha capital el 13 de septiembre de 1650. En su testamento reconoce la deuda de una importante cantidad de dinero al Rey Felipe IV. Su hijo Diego (h. 1630-1660) trabajó en el Ingenio desde 1636 aunque oficialmente fue nombrado para aquel puesto en 1633.

[22] Bautista de Morales no andaba muy desencaminado en aquella descripción sistemática del método de Ramírez de Carrión, ya que seis años más tarde el propio personaje afirmaba lo siguiente: “Y porque no podriamos numerar entre los mayores (aunque sea en causa propia) el Arte de enseñar a leer, escribir y hablar vocalmente a los mudos? […] de cuya invencion yo me precio tanto”. Prólogo de la obra de Ramírez de Carrión.

[23] En pleno siglo XVIII, el maestro Fr. Luis de Olod, afirmaba que aquella educación debería iniciarse a los siete, teniéndose que alargar hasta los catorce. Fray Luis de Olod, Tratado del Origen y Arte de escribir bien, Gerona, 1766.

[24] Antonio Eguiluz Angoitia, Fray Pedro Ponce de León. La nueva personalidad del sordomudo. Madrid, 1986

[25] Dichas noticias provienen de dos juristas italianos del siglo XIV, Baldo de Ubaldi (1327-1400) y del gran Bartolo de Sassoferrato (1313-1349), en cuyas obras se vinieron a recoger doctrinas jurídicas sobre temas de Derecho publico o privado, reconociéndose en algunas de ellas en concreto la perspicacia intelectual de determinados sordos de su época, al ser capaces de ejercitar la lectura labial, de responder y comunicarse por escrito o por medio del lenguaje gestual, tal como recogió Joannes Brunelli en De sponsabilibus et matrimonio, o en su Tractatuum ex variis iuris interpretatibus collectorum, obra editada en 1549.

 

 

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