Yvonne Pitrois. Escritora y activista sorda francesa (1880 – 1937)

Alejandro OviedoPor Alejandro Oviedo,

Berlín, 2007.

Sección: Biografías.

 

 

Yvonne Pitrois fue una escritora sorda francesa, que fue primero conocida entre el público de habla francesa como autora de biografías y literatura para jóvenes, y que cobró celebridad internacional por su activismo en favor de los sordos belgas y franceses durante la I Guerra Mundial (entre 1914 y 1918). Vamos a recordar a Yvonne Pitrois y su obra en estas páginas.

YvonnePitrois
Yvonne Pitrois. Cortesía de Gallaudet Archives.

Su infancia

Yvonne Pitrois nació en París el 14 de diciembre de 1880, en el seno de una tradicional familia pudiente francesa. Su madre era maestra y escritora, y regentó por muchos años una escuela bilingüe (francés‐inglés).

Yvonne nació oyente, pero se quedó sorda a los 7 años, según su propio relato, como resultado de una insolación (Lloyd 1906b). A consecuencia de las fiebres que produjo esta insolación, Yvonne perdió no solamente el oído, sino que también fue quedando poco a poco ciega. Esto duró casi cinco años. Cuando la niña tenía los doce años recuperó poco a poco la visión, que le quedó sin embargo muy reducida.

Su madre, desde que Ivonne era muy pequeña, se había encargado personalmente de su educación. Eso se acentuó luego de que la niña quedara sorda. Yvonne fue educada por su madre en la casa. Con ella perfeccionó sus conocimientos del francés (que ya escribía y leía antes de quedar sorda), y además aprendió el inglés. Ya desde muy joven, pues, Yvonne leía y escribía fluidamente en francés e inglés (“se sentía en casa, en ambas lenguas”, escribió sobre ella una articulista sorda estadounidense ‐Long, 1912). El francés lo hablaba también. El inglés, un poco, según algunos autores; perfecto, según otros. Leía los labios con gran eficiencia en ambas lenguas. Tocaba también el piano (Lloyd 1906).

Yvonne Pitrois como escritora y editora

Yvonne comenzó a publicar a los 17 años, para revistas y periódicos franceses y suizos. Al principio, los trabajos que publicaba eran mayormente traducciones –del inglés al francés. Pero pronto empezó a producir sus propios textos. Su libro Jeunes Vies, que publicó a los 18 años (en 1898), alcanzó tres ediciones, y gozó de gran popularidad entre los jóvenes franceses de su época. El libro contenía biografías de varios personajes famosos. El género biográfico fue uno de los más cultivados por Ivonne. Entre los trabajos suyos que alcanzaron más difusión está la biografía que dedicó al Abad Charles Michel de l ́Epée en 1912, cuando se cumplían 200 años de su nacimiento, lo que fue ocasión de grandes celebraciones entre los sordos europeos. El texto se difundió también en inglés a través del periódico The Silent Worker, editado en la escuela de sordos del estado de Nueva Jersey, en Estados Unidos.

En este periódico, donde fue colaboradora regular desde 1906 y hasta su muerte, daba a conocer al público de lengua inglesa la historia y la geografía de Europa. Su columna “Desde el viejo mundo” (From the Old World), ricamente ilustrada con fotografías, grabados y dibujos, dio a conocer en los Estados Unidos mucho de la vida de las comunidades sordas europeas. En palabras de varios articulistas sordos del periódico, la obra de Yvonne Pitrois había contribuido como pocas cosas a acercar mutuamente las comunidades de sordos de Europa y de los Estados Unidos.

Yvonne Pitrois, junto a su trabajo de escritora, tuvo mucho éxito como editora, actividad que dedicó a la población de sordos y sordociegos. Organizó la publicación de dos revistas. Una de ellas, La Petit Silencieuse (la pequeña silenciosa), que empezó a publicar en 1913, estaba dedicada a niñas y jóvenes sordas, en francés. La segunda, llamada Le Rayon de Soleil des Sourds‐Aveugles (el rayo de sol de los sordociegos), que se inició en 1928, estaba asimismo redactada en francés, pero en alfabeto Braille, pues se dirigía al público sordociego. Yvonne Pitrois no solamente hacía el trabajo de edición, sino que además mantenía una activa correspondencia con centenares de lectoras y lectores. Ambas publicaciones se mantuvieron hasta la muerte de la autora, cuando desaparecieron con ella.

Yvonne fue asimismo miembro de la Societé des Gens de Lettres (Sociedad de las Gentes de Letras) y una de las propulsoras del “Cosmopolitan Correspondence Club” que constituía una red de intercambio de información entre escritores de Europa y Estados Unidos a principios del Siglo XX.

El activismo de Pitrois durante la I Guerra Mundial

El año 1914 comenzó en Europa la hoy llamada I Guerra Mundial (entonces conocida como la Gran Guerra). Una enorme carnicería, que acabó con la vida de millones de personas. Entre las víctimas de la guerra había muchos sordos. Yvonne Pitrois comenzó su trabajo a favor de los sordos aquel mismo año, cuando la Bélgica francófona sufrió el ataque alemán y centenares de personas sordas quedaron sin sostén económico, sin hogar y sin alimentos. Entre ellos muchos eran niños, cuyas escuelas fueron cerradas o cuyas familias habían perecido en el conflicto. Ivonne Pitrois comenzó a organizar colectas para ayudar a las víctimas. En principio se trataba de colectas locales, pero cuando la guerra comenzó también en Francia, hubo necesidad de recurrir a ayuda fuera de Europa. Ivonne Pitrois utilizó para ello su influencia como escritora en los Estados Unidos. A través de sus contribuciones al periódico The Silent Worker hacía llamados a enviar donativos, que se recogían entre la comunidad sorda norteamericana y se enviaban a las víctimas a través de Yvonne. Ella daba cuenta, en posteriores entregas del periódico, del modo en que invertía el dinero, y enviaba traducciones de cartas y fotografías de los beneficiarios de aquellas ayudas. De ese modo salvó de la miseria y de la muerte a centenares de personas sordas en Bélgica y Francia. Tras la guerra, su esfuerzo fue reconocido por muchas instituciones públicas de ambos países.

Quiero transcribir, para los lectores de esta nota, una anécdota que Yvonne Pitrois contó, en un artículo suyo de 1924, acerca del Instituto de Jóvenes Sordos de París en el año 1915, en plena guerra:

Una noche se había advertido a la población sobre un probable un ataque de los zepelines [alemanes]. Los alumnos fueron informados sobre el peligro. En la sección de los más jóvenes –los niños más pequeños, aún no educados‐ los maestros notaron gran animación, discusiones en señas. Los muchachos se fueron a la cama, tranquilamente, sin embargo, apenas se habían apagado las luces del dormitorio, un grupo de pequeñas sombras, todas blancas en la oscuridad, se levantaron silenciosamente de cada una de las camas. Cada uno de los niños, obedeciendo a la palabra que se habían dado, sacó una de las barras de hierro que sostenían los colchones de sus propias camas, y tomándolas con firmeza en las pequeñas manos, volvieron a la cama, pusieron las cabezas en las almohadas y pronto se sumergieron en el sueño hondo y feliz de la infancia. No tenían nada que temer, pues estaban armados en el caso de que los “gigantes del aire” se atrevieran a venir! Es inútil describir la enorme diversión de los niños más grandes y de los maestros, en la mañana, cuando descubrieron lo acaecido. Voy a acordarme siempre de esta anécdota como una de las cosas más brillantes en medio de tantos hechos terribles y dolorosos sufridos por los sordos franceses en la Gran Guerra (Pitrois 1924:187. La traducción es mía)

Luego de terminada la guerra, y tras la muerte de su madre, Yvonne Pitrois comenzó a recibir en su casa a niñas y jóvenes sordas huérfanas o con problemas de adaptación y las tenía consigo hasta que lograba ayudarlas a encontrar su propio camino.

Otro tema del que se ocupó la escritora, además de la salud física de los sordos belgas y franceses durante la guerra y en los años que le siguieron, era la salud espiritual de los sordos de Francia, a quienes veía muy descuidados, en comparación con los sordos de EEUU e Inglaterra. En Francia, decía, había entonces unos 22.000 sordos, y un único pastor protestante que se ocupara de la salud espiritual de todos aquellos que no asistían a la escuela. Se trataba de M. Vigier, pastor en París, que sabía la lengua de señas, y junto con sus asistentes se dedicaba a visitar a sordos en sus hogares, los hospitales y las cárceles (Lloyd 1906b).

A propósito de eso transcribió una articulista sorda estadounidense un poema escrito por Pitrois:

El pensamiento es más profundo que todo lo dicho.
El sentimiento, más profundo que todo pensamiento.
Las almas nunca podrán enseñar a otras almas
aquello que es enseñado en el interior de nosotros mismos.
(Tomado de Long, 1911a. La traducción es mía)

Yvonne Pitrois murió en Francia, el 23 de abril de 1937. Hoy es recordada por los sordos franceses como una de sus grandes figuras.

Fuentes

Lang, H. y B. Meath‐Lang (1995) “Yvonne Pitrois”. En: Lang, H. y B. Meath‐Lang. A Biographical Dictionary. Deaf Persons in the Arts and Sciences. Westport: Greenwood, págs. 291‐294.

Lloyd, R.B. (1906a) “With our exchanges”. En: The Silent Worker (Vol. 18, N° 06), pág. 93.

Lloyd, R.B. (1906b) “Ivonne Pitrois”. En: The Silent Worker (Vol. 19, N° 02), pág. 21.

Long, E. F. (1920) “Stray Straws”. En: The Silent Worker (Vol. 32, N° 8), pág. 205.

Long, E. F. (1912) “Stray Straws”. En: The Silent Worker (Vol. 24, N° 10), pág. 185.

Long, E. F. (1911a) “Stray Straws”. En: The Silent Worker (Vol. 23, N° 4), pág. 68.

Long, E. F. (1911b) “Stray Straws”. En: The Silent Worker (Vol. 23, N° 5), pág. 87.

Pitrois, I. (1924) “My war work”. En: The Silent Worker (Vol. 36, N° 6), pág. 280.

Pitrois, I. (1925) “From the Old World”. En: The Silent Worker (Vol. 27, N° 10), pág. 185‐ 187.

Terry, A. (1916) “Our mutual forum”. En: The Silent Worker (Vol. 28, N° 10), pág. 190.

Terry. A. (1914) “Southern California” En: The Silent Worker (Vol. 26, N° 5), pág. 92.

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