Qué fue antes, el huevo o la gallina, o el doble misterio de la efigie ideal de Juan de Pablo Bonet

ANtonio-GasconPor Antonio Gascón Ricao[1],

Barcelona, 2011.

Sección: Artículos, historia.

Todas las historias acostumbran a tener un principio, y la actual, se inicia de hecho en 1927, y con el envío de una carta del Ayuntamiento del pueblecito aragonés de Torres de Berrellén (Zaragoza) al Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos de Madrid, avisándoles dicha corporación de que estaba previsto celebrar el 30 de noviembre de aquel mismo año, un homenaje a Juan Pablo Bonet, según aquella invitación personaje, nacido en dicho lugar el 7 de enero de 1579, y por ello, invitando a susodicho colegio madrileño a las ceremonias que deberían tener lugar con aquel motivo. Y a partir de aquel momento se empezaron a desencadenar toda una serie de barbaridades históricas, algunas de ellas todavía por enmendar. [1]

En respuesta a aquella invitación, el Colegio madrileño, y en su nombre, la Comisaría Regia del mismo, designa, con carácter oficial, a Miguel Granell y Forcadell, encargado de representar a aquella institución durante las ceremonias, dada su calidad de Decano de los Profesores de las Enseñanzas Generales de Sordomudos y de Catedrático de Metodología del Curso Normal, y dentro de los actos de Homenaje a Juan de Pablo Bonet, que debería tener lugar en Torres de Berrellén. Siendo también Granell portador de un regalo para el Ayuntamiento local, que consistirá en un facsímil de la obra de Juan Pablo Bonet, impreso ex profeso en la imprenta del Colegio Nacional, de hecho, hoy en día, toda una rareza bibliográfica. [2]

En el transcurso de aquel Homenaje, y en una de las muchas declaraciones que Granell hizo a la prensa zaragozana, y en particular al El Noticiero, el día 30 de noviembre de 1927, éste afirmaba al periodista de turno “que si encuentra un retrato se elevará una estatua a Bonet en el pueblo, a costa de su bolsillo particular.” Y así quedo la cosa durante algún tiempo, advirtiendo nosotros que ni entonces ni en el tiempo actual ha aparecido retrato alguno de Pablo Bonet, lo que da en afirmar que aquel comentario de Granell fue y es una pura fanfarronada.


1.1. El libro de Granell,
Homenaje…

Fruto de aquella visita a Zaragoza, aparecerá la obra de Granell, Homenaje a Juan Pablo Bonet. Obra que, siendo muy benevolentes, se podría calificar de un tanto diferente. Puesto que el contenido más sorprendente en ella, resulta ser el detallado estudio realizado por Granell, respecto a la compleja personalidad de Juan de Pablo Bonet, con apartados tan expresivos y prometedores como son: Bonet, caritativo; Bonet, sociólogo; Bonet, historiador; Bonet, filósofo; Bonet, literato o Bonet publicista, y así hasta un largo etc. etc….

Todo ello, sin olvidar Granell describir para el lector cómo era, según él, el Juan de Pablo Bonet físico, su comportamiento familiar o las “prendas” tanto fisiológicas, psíquicas como morales que “atesoraba” el personaje.

Hermosos apartados de doctrina moral, muy en boga en aquella época, aunque por otra parte completamente nulos respecto a Juan de Pablo Bonet, del cual, desgraciadamente, sólo conocemos su obra y un corto puñado de documentos legales, casi todos ellos documentos notariales. Donde, por supuesto, nada dice el notario de turno, sobre si la persona, que tiene delante, es alta o baja, rubia o morena o sobre si se da o no a la buena vida, si fumaba o bebía, o por el contrario si es hombre comedido, juicioso, y como correspondía al momento, muy beato.

Pero olvidando reseñar Granell dentro de tan “imponente” estudio que Pablo Bonet se había dedicado durante un largo tiempo, a la rentable actividad económica que pasaba en directo por la compra y venta de esclavos moriscos, incluida una niña morisca de cinco años llamada Ana de la Cruz, que se había traído a Madrid después de su larga estancia en Orán. [3]

Es de suponer, desde la buena fe, que todo aquel esfuerzo intelectual desarollado por Granell, en aquellos capítulos de su libro, estaba abocado a crear un Juan de Pablo Bonet ideal, otro mito más a añadir a la Historia de la Sordomudística, y que muy probablemente nunca existió como tal, pero que podría servir como ejemplo ilustrativo y pedagógico para sus alumnos sordos del Colegio Nacional de Madrid.

De hecho, el libro tan citado de Granell se divide en cinco grandes apartados. El primero comprende su viaje desde Madrid a Zaragoza y de allí a Torres de Berrellén. Una excelente guía de viaje acompañada de buenas ilustraciones, tanto fotográficas como a pluma, un género literario muy de moda en aquella época, y que ocupa, nada más y nada menos que 270 páginas. La segunda está dedicada a la Historia de Aragón, desde sus legendarios orígenes hasta la época de Juan de Pablo Bonet, en el siglo XVII, con un total de 46 páginas más.

La tercera contiene la historia íntegra del Trovador, una leyenda española que unos años antes había musicado el compositor italiano Verdi, bajo el título el Il Trovatore. Opera basada a su vez en la obra de teatro El trovador, del español, Antonio García Gutiérrez, y que abarca 112 páginas. Es de suponer que la historia debería ser de un gran interés pedagógico para los maestros de sordos. Pero historia que, según Granell, había tenido lugar en el propio castillo de El Castellar, lugar donde había nacido Pablo Bonet, y primera residencia de su familia, abuelos maternos incluidos.

Por otra parte, historia e ubicación ajena en Aragón, donde nadie la recoge ni cita, ya que el mismo lugar forma parte de otra leyenda local, al referirse que en él estuvo la supuesta prisión de la reina Doña Urraca de Castilla, encarcelada por casquivana en aquel mismo sitio, vileza que supuestamente habría corrido a cargo de su esposo, el rey aragonés Alfonso I, el Batallador, y lugar de donde la rescataría, también supuestamente, su amante el conde de Candespina. Basado todo ello, en una supuesta mazmorra, de hecho una vieja cisterna del castillo que hoy todavía se puede ver, y en el nombre de un soto próximo, historia, que cómo no, Granell recogió diligente en su obra.

A aquella tercera parte, le sigue, por fin, la cincuentena escasa de páginas dedicadas a Juan de Pablo Bonet, cerrándose la obra, con una parte quinta, y con el tema de Pedro Ponce de León unido a un amplio conjunto de opiniones de personajes de la época, la mayoría de los cuales no ocultan su simpatía directa por Ponce de León, en perjuicio del supuesto homenajeado Juan de Pablo Bonet, opiniones que se alargan durante más de 120 páginas, y de escaso o nulo interés histórico al ser un largo sonsonete de tópicos manidos, con los cuales se demuestra la incultura general de personajes vinculados en directo a la educación de las personas sordas y ciegas en España, pero con las únicas y notables excepciones de Álvaro López Núñez y Tomás Navarro Tomás. [4]

En definitiva, el libro de Granell, Homenaje a Juan Pablo Bonet es un magnífico ejemplo de la forma habitual de hacer “historia” en este país nuestro, que afortunadamente se empieza a erradicar, pero que periódicamente obliga al estudioso a tener que volver a entrar en debates estériles, nada más sea por rebatir algunas de las necedades que todavía se consideran históricas, cuando en realidad fueron el fruto de compromisos partidistas y, por ello, nada objetivas.


1.
2 José Zaragoza, el dibujante anónimo

Por otra parte, de aquel monumental disparate de Granell, lo único perdurable ha sido al final el retrato prometido por Granell en 1927, pero retrato que no apareció por ningún lado, al salir éste de la fértil imaginación del dibujante sordo malagueño José Zaragoza, y se supone que por encargo de Granell.

De ahí que el personaje merezca, cuando menos, una pequeña semblanza biográfica. José Zaragoza nació el día 10 de marzo de 1895 en Málaga (España), donde estuvieron sus padres hasta 1897, fecha en que la familia fijó su residencia en Jerez de la Frontera. A la edad de tres años e igual que Juan Luís Marroquín, Zaragoza padeció una meningitis, quedando totalmente sordo.

Pero desde muy pequeño había dado muestras de una gran afición por la pintura, arte que practicaba su madre, empezando sus estudios de educación general en el Colegio que su propia madre dirigía. A los 10 años pasó a la Escuela Nacional de Sordomudos de Sevilla, donde obtuvo siempre buenas notas, cursando allí dibujo.

Pero su primer trabajo lo consiguió en la litografía de Manuel Hurtado, en Jerez, matriculándose posteriormente en la recién creada Escuela de Artes y Oficios de Jerez de la Frontera, anteriormente Academia de bellas Artes de Santo Domingo, pero en aquel momento bajo la dirección del maestro Nicolás Saro.

En 1917, Zaragoza marchó a Madrid, consiguiendo entrar a trabajar, como dibujante y grabador, en la Sociedad de Gráficas Reunidas, S.A., empresa donde se mantuvo hasta 1923, momento en que pasó a prestar sus servicios en la afamada Casa de Rivadeneyra, y año en que Zaragoza empezó a dejarse caer por las tertulias que organizaba en Madrid, el pionero Juan Luis Marroquín, dedicándose casi cada noche a tomar apuntes al natural de sus principales participantes, apuntes desgraciadamente hoy perdidos para siempre. [5]

Y debió ser en el transcurso de una de aquellas tertulias, donde Zaragoza debió entablar relación con el respetado Miguel Granell Forcadell, en aquella época Decano del Colegio de Sordomudos de Madrid, que será el que le propondrá el trabajar con él en su futura obra, Homenaje a Juan Pablo Bonet. Obra en la que Granell pensaba compendiar el tardío Homenaje a Juan de Pablo Bonet, celebrado en Torres de Berrellén, (Zaragoza), en 1927.

Por otra parte, y gracias a aquella colaboración, se deberán al sordo José Zaragoza la autoría de la mayoría de los dibujos que aparecerán en la obra de Miguel Granell, Homenaje a Juan Pablo Bonet, editada en Madrid el año 1929, casi un centenar, y muchos de ellos firmados con la aparatosa leyenda “Zaragoza, XVIII. Madrid”, posiblemente indicando con ello que los había realizado en el año 1928, y sentado cómodamente en su casa de Madrid.

Pero la deuda más importante es que debemos a la pluma, a la habilidad, y a la propia imaginación de Zaragoza la efigie o retrato “ideal” de Juan de Pablo Bonet, su mejor creación. Retrato que aparece en la página 435 de aquella misma obra.

El mismo retrato que viene apareciendo de común, desde hace muchos años, tanto en libros, revistas y enciclopedias o en los bustos de muchas Asociaciones de sordos, tras ser pasado a bronce por el escultor zaragozano Félix Burriel Marín [6] en 1933, pero por encargo particular de Miguel Granell, y cuya correspondencia entre ambos todavía se conserva, y que después comentaremos con el detalle que se merece.

Dentro de su obra, Granell cerraba la breve semblanza biográfica de Zaragoza, de la cual el presente autor ha tomado los principales detalles, diciendo Granell a modo de alabanza:

“En su trato afable y fino se ve al joven bien educado y que, sin ser, hijo de ricos, ha alternado siempre con personas de cierto relieve y de trato escogido. Su familia es un dechado de bondad.

Estos son los sencillos datos biográficos que he podido recoger de este gran dibujante, colaborador de mi modesta obra.” [7]

Obra aquella, la de Granell, que aquel generosamente decidió regalar a todas y cada una de las familias residentes en aquel entonces en el pueblecito de Torres de Berrellén, un ejemplar por casa, cuando muchas de aquellas familias, de hecho campesinas de oficio y beneficio, eran mayoritaria y notoriamente analfabetas. Pero regalo que debió correr a cuenta del estado español, pues se edito en la “Imprenta de Sordomudos” de Madrid y por tanto, es de suponer, que con dinero público.

El pueblo y el Ayuntamiento de Torres, en compensación de aquel generoso regalo, decidió dedicar a Granell una modesta calle del lugar, en aquel caso la denominada de forma popular, Calle del Pilón,[8] sita casi al lado de la iglesia parroquial.

Uno de los misterios, respecto a Granell, es que se sigue desconociendo la fecha exacta de su defunción o el lugar dónde ésta se produjo, aunque muerte posiblemente acaecida en Madrid durante los primeros días de la guerra civil española de 1936- 1939, y por el mismo motivo, sospechándose que debió producirse a causa de su relación directa con la casa real española, a la que había ayudado en el problema de la educación del infante sordo, don Jaime, segundo hijo varón de Alfonso XIII. Si fue así fue, es una auténtica pena.

Historia similar a la de José Zaragoza, desaparecido también durante aquella misma contienda fraticida, pues nadie o nada da razón de su existencia tras la publicación de aquel libro, y en su caso desconociéndose los posibles motivos de aquella desaparición, y por tanto quedando únicamente como recuerdo suyo, la supuesta efigie de Pablo Bonet.


1.3. Historia del primer busto en bronce de Juan de Pablo Bonet, pero en documentos

En la historia del monumento a Juan de Pablo Bonet erigido en Torres de Berrellén, consecuencia del grabado aparecido en la obra de Granell en 1929, y que acabó siendo inaugurado en el año 1933, intervinieron de forma directa, aparte del propio Granell, Amos Sabrás, diputado a Cortes por la provincia de Zaragoza; Manuel Albar, diputado a Cortes por la provincia de Logroño; Felipe Loperena, natural de Torres de Berrellén y presidente de la Comisión Pro-monumento a Juan de Pablo Bonet y Félix Burriel Marín, el escultor. [9]

Esta historia se inició tras el envío de una carta de Miguel Granell en mayo de 1933, dirigida al diputado por Logroño Manuel Albar, [10] y donde le adjuntaba:

“…la copia exacta del original de Bonet para que el modelador y escultor hagan la composición que más en armonía se halle con la personalidad de Bonet.”

Es de suponer, aunque Granell no lo diga, que dicha copia la habría realizado el propio dibujante sordo José Zaragoza.

En la misma carta se hacía mención a una petición que el Ayuntamiento de Torres había hecho al Ministro de la Guerra para que cediera el bronce necesario, al objeto de la fundición del busto de Juan de Pablo Bonet. Petición que agilizará en Madrid el diputado Amos Sabrás [11] ante el Presidente de la Comisión de Guerra.

En julio, Sabrás comunicaba a la Comisión de Torres que había presentado con su firma, junto con la de Manuel Albar, una proposición de Ley a las Cortes de Madrid, solicitando la concesión de 400 Kilos de bronce “con destino al Monumento que ha de erigirse a la Memoria de nuestro gran paisano Juan Martín Pablo Bonet.”

A primeros de septiembre, el escultor Félix Burriel comunicaba a Loperena lo siguiente:

“Recibí su grata y puede Vd. comprender con el entusiasmo que estoy trabajando en la ejecución del monumento y que no reparo en gastos para que pueda estar para esa fecha pero me parece materialmente imposible. La piedra de la cantera por ser bloques tan grandes ha tardado más de un mes y piden 400 Ptas. más del precio ajustado. [12]

Los canteros están labrando en ellas pero no puede trabajar más que un obrero en cada piedra, no se pueden hacer horas extraordinarias, porque lo prohíbe el Sindicato. Después de terminar los canteros he de hacer la estatua en piedra y no quiero atropellarlo pues quiero hacerlo bien; y no quiero tirar mi nombre por los suelos, por la premura del tiempo.

El busto lo tengo muy adelantado, si gustan venir a verlo, antes de vaciarlo en escayola, estos días he estado rebuscando en las bibliotecas para documentarme bien del vestuario. La fundición si que creo podría estar para la fecha pues aunque es muy grande lo mandaría en gran velocidad a fundir y rogándoles que lo hiciesen pronto podría ser, pero el pedestal no.

Ya pueden comprender que no es mía la culpa, pues yo desde el día que me hicieron Vds. el encargo no he hecho otra cosa que dedicarme de lleno a él.[13]

Finalmente, el día 20 de octubre de 1933 se recibió en la estación de La Joyosa – Torres, un bronce fundido de 23,46 kilos, pagando el Ayuntamiento 23,46 Ptas. en concepto de gastos de portes. El misterio fue dónde se habían quedado los 376 kilos de bronce restantes cedidos por el gobierno español para aquel busto.


1.4 Félix Burriel Marín, el escultor

 Félix Burriel Marín, (Zaragoza 2 de mayo de 1888 – 10 de noviembre de 1976). Estudió en la escuela de Artes Industriales de Zaragoza, donde también conoció a Francisco Borjas, quien sería su maestro. Continuó su formación en Madrid, en la Escuela de Artes y Oficios, y con Mateo Inurria. En 1926, la Diputación Provincial de Zaragoza, le becó para estudiar en París y Roma.

Colaboró en las obras del edificio de la Confederación Hidrográfica del Ebro en Zaragoza. Es destacable también la ingente cantidad de estatuas de ínclitos aragoneses, realizadas en su mayoría en yeso, estuco y mármol. Enseñó varios años dibujo en la Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza, y fue miembro de la Academia de Bellas Artes de San Luis.

Otro enigma es que en todas las biografías comunes de Burriel, y en las cuales se citan las principales obras escultóricas del mismo, en ninguna de ellas se hace mención al busto, ni al pedestal, dedicado a Juan de Pablo de Bonet, obra que hoy en día puede verse en la plaza mayor de Torres de Berrellén, dando así la impresión de que aquella obra no sea suya, desidia que corresponde en su caso a las autoridades, pues la firma del autor, figura, como es preceptivo, al pie del busto, y por tanto con un valor intrínseco como obra de arte que es, con indiferencia de su origen espurio.


Recapitulando

En resumen, de aquellos tres personajes, y salvo lo contrario, Miguel Granell, “ideó” a su gusto y manera, la imagen ideal que debería tener, según él,

Juan de Pablo Bonet, José Zaragoza, siguiendo aquella misma idea, la “dibujó”, en 1928, por encargo de Granell, y se supone que además cobrando.

Y finalmente, en 1933, Felix Burriel, también cobrando, tal como se ha visto antes, la “esculpió” en bronce, sin añadir ningún detalle al dibujo primero y original de Zaragoza.

Lo que da en conclusión final, que hemos estado sufriendo un engaño total y absoluto, al seguirse utilizando dicha imagen, incluso hoy en día, y sin avisar al mundo que dicha imagen es, a todas luces y de arriba a abajo, absolutamente falsa.

Tan falsa o más como la de Pedro Ponce de León,[14] que corre en grabados y bronces, y de la cual algún día también hablaremos largo y tendido, tal como se merece el asunto.

 

 

Notas

[1] Sin entrar en otros detalles menores, Pablo Bonet, no nació en Jaca y tampoco murió en 1620, noticias ambas erróneas, pero que algunos siguen sacando del erudito Félix Latassa, puesto que Juan de Pablo Bonet nació, no en Torres de Berrellén, sino en la villa zaragozana de El Castellar, y en una fecha indefinida situada ésta entre el 12 de octubre y 9 de noviembre de 1573, indefinición normal, puesto que los libros parroquiales de la villa de El Castellar no se conservan. De ahí que aquella fecha de 1927, era errónea, pues la dio el párroco de aquel momento, Leoncio Marqueta, que con las prisas confundió la partida de nacimiento del hermano menor de personaje, llamado Martín Pablo Bonet, con la del propio personaje, cuya partida de bautismo no existía. Error que ha subsistido hasta hace muy pocos años, con placas conmemorativas colocadas en el propio pueblo, y donde todavía alguna de ella subsiste, tal como puede verse todavía en la de la iglesia parroquial. Ver A. Gascón Ricao, A. (2007): “Juan de Pablo Bonet no es Juan Martín de Pablo Bonet”, publicado en http://www.ucm.es/info/civil/herpan/docs/JPBonet.pdf

[2] El libro en cuestión era Reducción de las letras y Arte para enseñar a hablar los mudos, Madrid, 1620, ver respuesta a la invitación, p. 20, Miguel Granell y Forcadell, Homenaje a Juan Pablo Bonet, Madrid, 1929.

[3] Anexo V, “Venta de la esclava Ana María de la Cruz, de cuatro años de edad, otorgada el 25 de septiembre de 1607 por Juan Pablo, secretario del marqués de Ardales, a favor del doctor del Valle, médico de cámara del rey”. Ver: Ramón Ferrerons y Antonio Gascón, Juan Pablo Bonet. Su tierra y su gente (1573-1607), I, Zaragoza, 1995, pp. 158-160.

[4] M. Granell, op. cit., López Núñez, p. 566, Tomás Navarro, pp. 572-573.

[5] Antonio Gascón Ricao, Memorias de Juan Luís Marroquín. La lucha por el derecho de los sordos, Madrid, 2004.

[6] Félix Burriel Marín. Zaragoza, (2 -5-1888, 10-11-1976).

[7] M. Granell, op. cit., pp. 593-594.

[8] Nombrada así, por el enorme pilón de piedra que bloqueaba su entrada o salida, en evitación del paso de carros, y que actualmente subsiste.

[9] Ver: Historia del primer busto de Juan de Pablo Bonet en documentos, p. 128., Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch de Gracia y Asensio Historia de la educación de los sordos en España y su influencia en Europa y América, Madrid, 2004

[10] Manuel Albar, (Zaragoza, 1900 – México, 1955), diputado socialista por la circunscripción de Zaragoza.

[11] Amos Sabrás Gurrea, (Logroño, 1890 Huelva, 1976), diputado socialista por la circunscripción de La Rioja.

[12] Aquí Burriel, debe estar hablando del pedestal del monumento, de hecho, realizado en piedra labrada, y con una alegoría donde se puede ver a una madre que alza a su hijo con los brazos, mientras que el niño con su manita ofrece una corona de laurel a Pablo Bonet, simbología muy al gusto de la época

[13] Archivo Administrativo de Torres de Berrellén, “Homenaje a Bonet”

[14] Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch de Gracia y Asensio, Fray Pedro Ponce de León, el mito mediático, Los mitos antiguos sobre la educación de los sordos. Madrid, 2006.

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