Dr. Otto Friedrich Kruse (1801‐ 1880). Maestro y pedagogo sordo alemán

Alejandro OviedoPor Alejandro Oviedo,

Berlín, 2007.

Sección: Biografías.

 

Otto Friedrich Kruse es considerado el más importante y conocido maestro de Sordos en Alemania. Perdió la audición a los seis años, a consecuencia de la escarlatina, y a partir de entonces visitó varias escuelas de sordos del norte de Alemania, donde muy joven encontró una plaza como auxiliar docente.

Otto Friedrich Kruse. Cortesía Gallaudet Archives
Otto Friedrich Kruse. Cortesía Gallaudet Archives

Ejerció el oficio de maestro durante 55 años, y se retiró poco antes de su muerte. Kruse escribió y publicó varios libros y numerosos artículos acerca de la conveniencia de usar las señas en las escuelas de sordos, un tema que era bastante cuestionado por sus colegas, afectos a seguir el llamado método oral puro. Como reconocimiento a sus aportes teóricos recibió, en 1878, el doctorado honoris causa de la Universidad de Gallaudet. Pocos meses antes de su muerte redactó una autobiografía (de la cual voy a transcribir algunos pasajes más adelante).

La época que vivió Kruse

La primera escuela de sordos de Alemania fue fundada en la ciudad de Leipzig por Samuel Heinicke en 1778. El nombre de la escuela es ya proverbial : “Instituto Sajón para la curación de los mudos y otras personas afectadas por trastornos de habla”[1]. Heinicke era partidario de que la escuela para Sordos debía dedicarse por entero a la enseñanza del habla. Aun cuando usaba señas como auxiliares en su trabajo (cosa que niegan después los defensores del oralismo a ultranza), Heinicke descartaba que la escuela debiera dedicarse a otros fines. Sus métodos de trabajo, que se oponían a los usados en los mismos años por el Abad Michel de L ́Epée en París (quien abrió su instituto en 1776), empezaron a ser conocidos en Europa como “el método alemán”.

De L ́Epée era de la idea de que la escuela debía tener por fundamento la formación intelectual del estudiante Sordo, y para ello recurría sistemáticamente al uso de las señas. Su método, por oposición, se conocía como “el método francés”.

Ya a inicios del Siglo XIX había en Europa 21 instituciones dedicadas a atender a los niños sordos. La discusión acerca de cuál era el método más adecuado para hacerlo se polarizó a partir de los modelos provistos por Heinicke y de L ́Epée.

Las corrientes liberales de pensamiento producidas por la expansión industrial de aquellos años alcanzó también a las escuelas de sordos, con la consigna de que la formación para oficios manuales y técnicos era prioritaria, y que los niños Sordos debían formarse también en ellos. Ello traía consigo el mensaje de que el aprendizaje de la lengua de señas no era conveniente, pues no permitía a los Sordos comunicarse con su futuro entorno de trabajo. Los Sordos debían hablar, para conveniencia de sus empleadores.

La disputa tuvo el paradójico efecto de que algunas escuelas francesas comenzaron a introducir lentamente la enseñanza del habla y la escritura como prioridad (y como consecuencia, a abandonar el interés por su formación intelectual), mientras que algunas las escuelas alemanas empezaron a usar más las señas en la enseñanza (con la idea también de enseñar de modo más eficiente los oficios a los estudiantes).

La vida de Kruse

Kruse quedó sordo en 1807, cuando tenía seis años. En su autobiografía incluye algunos pasajes sumamente interesantes acerca de las percepciones de aquel niño recién ensordecido. Quiero traducir algunos fragmentos, para claridad del lector:

Al principio no tenía idea de lo que había perdido a causa de mi grave enfermedad (escarlatina). Me sorprendía no poder comprender a alguien que hablara a mi alrededor, pero me consolaba pensando que con el regreso de la salud recuperaría el oído (…) Pero pronto me di cuenta que era cada vez menos comprendido por los de mi entorno, pues comenzaba progresivamente a hablar de un modo menos claro. Y ya que se me comprendía menos, comencé también yo poco a poco a hablar menos. A través de esa carencia de práctica comenzaron lentamente a desaparecer de mi memoria las palabras y su pronunciación (…). No sabía al principio lo que me ocurría (…) Me sentía condenado a un eterno estar callado, y como separado de mis padres, mis hermanos y hermanas. Cuán frecuentemente, sentado a la mesa, me halaba los cabellos como si quisiera arrancármelos, cuando alrededor de mí se hablaba, se hacían chistes y se reía! La casa se hizo para mí demasiado fría. Busqué entonces afuera (… pero mis antiguos compañeros de juegos…) ante la imposibilidad de entenderme, se molestaban. Me miraban extrañados e incluso hacían burlas sobre mí. Desde entonces comencé a evitarlos. (Kruse 1992:147)

Entonces fue internado en una escuela en la ciudad de Schleswig, a los 7 años, donde recibió clases con el método oral. Cuenta que a pesar de que el aprender le resultaba un poco menos difícil que a sus compañeros que habían nacido sordos, las clases eran un tormento. Ya en esos tempranos años decidió, por eso, hacerse maestro de Sordos, para tratar a los niños como a él le hubiera gustado ser tratado entonces. Escribe:

Cada maestro de Sordos debe –es lo que quiero decir‐ comportarse con sus alumnos de un modo muy delicado, pues para tales niños no hay cosa tan penosa como hablar (…) Aquí, donde los maestros corren el mayor riesgo de enfurecerse contra los pobres niños, y comportarse de un modo duro e inhumano, debo yo, en nombre de las personas que sufren, protestar del modo más decidido contra cualquier clase de conducta inescrupulosa (Kruse 1992:148)

Kruse debe, en 1813, interrumpir la escuela, por la invasión de Napoleón a Alemania. Relata que aquel tiempo en su casa, ayudado por su padre, le permitió entender el sentido de la lectura, cosa que la escuela no había cambiado mucho. Kruse y su padre realizaban larguísimos ejercicios ayudados con una pizarra. A propósito de ello escribió Kruse:

Tengo que conceder que a través de esos ejercicios prácticos aprendí mucho más que en los largos años de clases teóricas en la escuela. El intercambio real facilita la comprensión de las palabras de un modo mucho más grande y poderoso que en las meras clases metódicas. (Kruse 1992:149)

Al terminar la guerra, Kruse pudo regresar a la escuela, en Schleswig, y se dedicó por su cuenta a aprender geografía e historia, leyendo. Recuerda haber tenido menos éxito en aprender la física y la biología, y pensaba entonces que tal vez hubiera podido aprenderlas de haber recibido clases en esas áreas en la escuela. Pero la escuela no ofrecía tal enseñanza. Escribe:

Pero ¿por qué razon, me pregunto, me eran negadas clases similares a esas? No sé si eso se debía a que los maestros eran de la idea de que semejantes conocimientos eran demasiado avanzados para un Sordo, como para que tuviera sentido dar clases en esas áreas a los niños. O si sería porque consideraban que la lectura y la escritura les permitiría a los internos, más adelante, aprender mucho por su propia cuenta. Pero los maestros deberían haberse ocupado al menos de acompañarnos en los primeros pasos en tal dirección. (Kruse 1992:149)

En 1817 termina Kruse con la escuela y es empleado en ella como auxiliar docente. Tenía 16 años, y permanece 8 más en el cargo, tiempo en el cual se forja una sólida formación a través de sus lecturas y sus observaciones en la escuela. Pero a pesar de eso, no le es permitido asumir responsabilidades como maestro. Kruse escribe que aun cuando pudiera aceptar que sus conocimientos de entonces no resultaran suficientes para convertirse en maestro, la posibilidad le era de cualquier modo negada, con el argumento de que era sordo. Escribe:

Pero ¿cómo podría yo alcanzar el objetivo [de llegar a ser maestro] si se me prohibía encargarme de una clase? Mi deseo más profundo, desde cuando era un niño, de que se me permitiera asistir al seminario para maestros de Sordos de Kiel, quedó naturalmente negado, porque su director, el Señor Müller, de ningún modo podía hacerse la idea de recibir a un Sordo como estudiante. (Kruse 1992:149)

En 1825, Kruse decide retirarse de la escuela y se dedica, por 9 años, a la enseñanza privada de niños Sordos en las ciudades de Altona y Bremen. En 1834, regresa a la escuela en Schleswig, en la cual encuentra nuevo personal y una amplitud de criterio que no había cuando se retiró en 1825. Es admitido como maestro, y permanece en el cargo hasta 1872, cuando se jubila. A lo largo de esos años, escribió numerosos trabajos, entre ellos varios libros y muchos artículos técnicos, especialmente en la revista oficial de los maestros de Sordos (Der Taubstummenlehrer), en los que criticaba la tendencia cada vez más definida a eliminar el uso de las señas y a rechazar a los maestros Sordos en el aula de clases. Sus trabajos ofrecen, asimismo, muchas interesantes observaciones acerca de la vida en las escuelas de sordos de aquella época. Utra de las cosas que también hizo Kruse, durante sus años como maestro, fue procurar unir a otros maestros Sordos bajo la consigna del reconocimiento de la lengua de señas como recurso para instruir a los niños Sordos.

Hoy en día (año 2006) se sigue excluyendo la lengua de señas, a los maestros Sordos y el interés por la cultura Sorda de las aulas de clase de las escuelas de sordos en Alemania (Ilenborg 2001:25 ; Vogel 2002:49). Muy pocas  escuelas en todo el país ofrecen educación bilingüe para sordos. Las tendencias pedagógicas en las escuelas de sordos de otras partes del mundo no han dado tampoco giros esenciales en los últimos cien años. Por esa razón, los escritos de Kruse resultan hoy de una sorprendente actualidad.

Fuentes

Página wikipedia en alemán, visitada el 01 de junio de 2006, bajo la dirección http://de.wikipedia.org/wiki/Geschichte_der_Geh%C3%B6rlosen_Teil_II#Deutschsprachige _L.C3.A4nder_2

Ilenborg, R. (2001) « Zeitreise in die Gegenwart ». En: DAGfEGS (eds.) Gehörlos –nur eine Ohrensache? Aspekte der Gehörlosigkeit. Hamburgo: Signum, págs. 21‐28.

Kruse, O. F. (1992) „Betrachtungen eines gehörlosen Taubstummenlehrers“. En: Poppendieker, R. Ich bin gehörlos! Vorschläge zum Thema Gehörlosigkeit im Unterricht. Hamburgo: Signum, págs. 147‐150.

Vogel, H. (2002) „Geschichte der Gehörloserbildung“. En: Beecken, A. et al. Grundkurs Deutsche Gebärdensprache. Stufe I. Hamburgo: Signum, págs. 47‐50.

Notas

[1] Chursächsische Institut für Stumme und andere mit Sprachgebrechen behaftete Personen.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *