Gestos y oraciones en la Lengua de Señas de México

Boris-FridmanBoris Fridman Mintz.

México, 1996.

Sección: Artículos, lingüística.

 

El lenguaje, como parte de la cultura toda, tiene un sustento biológico. Sin duda, existe una autonomía relativa de la fisiología del cuerpo humano respecto de la cultura que se concreta y vive en él. Así, ningún lingüista se atrevería a aseverar que ciertas lenguas orales se adecuan más a las necesidades de ciertas subespecies del homo sapiens que a otras, ni mucho menos que ciertas subespecies, lenguas o culturas son intrínsecamente superiores a otras.

Sin embargo, el sustrato biológico de la cultura es ineludible y, en algunos casos, llega a jugar un papel esencial en la conformación de la propia cultura. La sordera es en primera instancia una condición fisiológica, el no poder oír a cabalidad los sonidos circundantes no es per se un valor cultural, una opción política o un parámetro lingüístico determinado por la convivencia social. Quien no puede oír no oye y punto. Ahora bien, la sordera no impide a los sujetos crear y reproducir una identidad socio-cultural propia, siempre y cuando esta última les sea accesible, con el cuerpo y los sentidos que si poseen.

Desde tiempos inmemoriales, cuando los sordos han socializado entre sí también han recreado sus propias identidades lingüísticas y culturales, no siempre segregadas de los oyentes pero, eso sí, siempre sobre la base de los sentidos que poseen. Su lenguaje siempre se ha basado en el sentido de la vista. Así pues, para los sordos el lenguaje natural humano es lumínico, no por capricho sino por naturaleza, o simplemente por capricho de la naturaleza.

La Lengua de Señas Mexicana (LSM) es muy diferente del español. Ciertamente no se escribe, ni mucho menos se vocaliza. Sin embargo sí tiene unidades léxicas (señas), palabras que se declinan, verbos que se accidentan, con una estructura fonológica y morfológica singular. Los sordos piensan, y lo hacen socialmente a través de las proposiciones de su idioma, construyen enunciados de distintos tipos y se comunican tan misteriosamente como lo hacen los oyentes, si bien no articulan sus enunciados con los órganos articulatorios vocales, ni los perciben con los oídos. Hablan con las manos y con el cuerpo, escuchan con la vista.

Esta ponencia sólo se abocará a describir algunos de los gestos de la Lengua de Señas de México que equivalen a la entonación de muchas lenguas orales. La entonación es esencial para muchas lenguas orales. En español, por ejemplo, cierto tipo de oraciones interrogativas solamente se distinguen de sus homólogas declarativas por la entonación.

(1) Yo me quedo.

(2) ¿Yo me quedo?

Por supuesto, la LSM no se puede entonar, no literalmente. Pero lo que si se puede hacer en las lenguas de señas es acompañar la concatenación de señas con gesticulaciones no manuales funcionalmente equivalentes a la entonación de las lenguas orales.

Liddell (1980) demostró que la sintaxis de la lengua de señas norteamericana (American Sign Language –ASL–) depende estrechamente de ciertos gestos no manuales. Sin duda, todos usamos gestos faciales, movimientos de la cabeza y movimientos del cuerpo para comunicarnos. Los sordos también lo hacen. Pero lo que Liddell demostró es que los señantes2 de ASL articulan ciertos gestos de conformidad con la estructura gramatical de su idioma, siendo imposible comprender la sintaxis de el ASL sin tomar en consideración estas expresiones gestuales.

Existen gesticulaciones de carácter universal, como ciertas expresiones de dolor, alegría o placer.3 Muchas otras varian de una cultura a otra, o son privativas de ciertos universos culturales y no existen en otros. Sin embargo, este trabajo se concentrará únicamente en unos pocos gestos no manuales cuya presencia y duración esta determinada por la estructura gramatical de la LSM. Si bien los gestos que se describirán pueden tener una apariencia similar a los de otras lenguas o culturas, aquí únicamente se prestará atención a su función lingüística dentro de la LSM. No se pretende ofrecer una lista exhaustiva de los gestos de la LSM de Colima, sino tan solo exponer los avances de la investigación realizada, con la esperanza poder desplegar ante ustedes un destello del resplandor del mundo del sordo mexicano y su lengua.

El análisis que aquí se presenta se basa en la interpretación de 23 fragmentos de video digitalizados con una duración total aproximada de 13 minutos y 13 segundos. Se trata de narrativas y monólogos de dos sordos monolingües de la LSM, un hombre de 22 años y una mujer de 20. La mayoría de estos textos no fueron grabados con la finalidad de identificar los rasgos lingüísticos que aquí se describen. En ningún caso se percataron los sordos de cuál era la finalidad de la grabación, más allá de ayudar a quien esto escribe a aprender la LSM y comprender su naturaleza. La interpretación global del significado de todos los textos fue ratificada y rectificada en sesiones ad hoc con los propios sujetos señantes.

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