Origen del alfabeto manual usado entre nosotros

Alejandro OviedoAlejandro Oviedo,

Berlín, 2006.

Sección: Historia.

 

En la mayoría de los países cuyas lenguas oficiales se escriben con el alfabeto latino usan las comunidades Sordas un mismo alfabeto manual. Aunque hay algunas diferencias entre ellos, la mayoría de configuraciones manuales adoptadas para representar las letras del alfabeto latino son las mismas:Origen-Oviedo-Figura1
Este alfabeto manual común tiene su origen, según la fuente más antigua conocida, que es una lámina publicada en Madrid, el año 1593, por un monje franciscano español llamado Melchor de Yebra (Eriksson 1996:98). Yebra afirma que la fuente original de ese alfabeto es San Buenaventura (monje franciscano y cardenal italiano, 1221­-1274).

Origen-Oviedo-Figura2 Otro monje español contemporáneo de Yebra, Pedro Ponce de León (1508‐1584), había hecho uso también de un alfabeto manual para educar a varios niños sordos. La difusión alcanzada por el alfabeto manual de Yebra, sin embargo, no se debe a Ponce de León, quien no llegó a hacer públicos sus métodos de trabajo.

Tal difusión se debe a un libro publicado muchos años después por otro español, Juan Pablo Bonet, cuyo título era Reduction de las letras y arte para enseñar a ablar los mudos (editado en Madrid, en 1620). Bonet era secretario de la familia Velasco, para algunos de cuyos miembros había ya trabajado Ponce, medio siglo antes, como maestro. Las fuentes de Bonet, así como sus métodos de trabajo o incluso su misma condición de maestro constituyen un tema muy controvertido. Según fuentes antiguas, de varios compatriotas suyos, Bonet habría plagiado todos sus saberes (entre ellos el alfabeto manual) de Ponce de León

Origen-Oviedo-Figura3

Muchos autores recientes se hacen eco de esta especie, y acusan a Bonet de plagiario (ver Günther 1996, por ejemplo). En una investigación reciente, los historiadores españoles Gascón y Storch (2004) denuncian esta afirmación como falsa: en primer lugar, afirman que el alfabeto de Ponce no era el mismo de Yebra, sino que era un sistema de base bimanual, similar al usado hoy en Inglaterra. En segundo lugar, escriben que Bonet, en su obra, aunque no revela sus fuentes, tampoco se atribuye la autoría ni del método de trabajo ni del alfabeto mismo.La práctica académica de citar las fuentes no es nueva, pero era bastante menos estricta en los siglos anteriores al nuestro. De modo pues, que aun cuando hoy en día no citar fuentes sea sinónimo de plagio, no podríamos juzgar a Bonet de tal, si nos ubicamos en el siglo en que vivió [1].

Bonet tuvo el mérito de haber creado un documento que registró este trabajo para la historia. El libro de Bonet fue muy popular, y fue conocido en su versión original por varios famosos maestros de sordos del Siglo XVIII, tales como Rodrigues Pereira y de l ́Epeé. Fue traducido, en el Siglo XIX, a otras lenguas europeas, lo que aumentó su fama continental. A partir de esa fuente común fue entonces adoptado en muchos lugares, con pequeñas variaciones. De aquí la forma común de los alfabetos manuales en los países que usan el alfabeto latino.

Creencias antiguas sobre la forma de las letras y su pronunciación

Un punto al que es necesario referir aquí es la creencia, común entre las gentes del Siglo XVI, acerca de una relación entre las formas de las letras y las posiciones adoptadas por el tracto vocal para articular los sonidos correspondientes. Esta especie, incomprensible para nuestra época, se basaba en la tradición cabalística judía, según la cual las letras del alfabeto hebreo son de origen divino, y tienen en sí mismas un valor que trasciende su carácter de meros instrumentos para transcribir sonidos. Esto fue adoptado por escritores europeos y aplicado también a la descripción del alfabeto latino. Bonet hace eco de esta creencia, y dedica varios fragmentos de su libro a explicar la correspondencia que existe entre las formas de las letras y las posiciones de la boca al articular los sonidos correspondientes. Así el sonido vocal /a/, por ejemplo, cuya producción implica abrir y relajar completamente la boca, se relacionaba con la forma de la letra “A”, vista como una suerte de trompeta que en el lado del ángulo representaba la garganta, y en su parte abierta el canal de la boca abierta, por donde salía el aire.

Fuentes
:

Bonet, J.P. (1620) Reduction de las letras y arte para enseñar a ablar los mudos. Madrid.

Gascón Ricao, A. y J.G. Storch de Gracia y Asensio (2004) Historia de la educación de los sordos en España y su influencia en Europa y América. Madrid : Ramón Areces.

Eriksson, P. (1996) „Facets of Deaf History”. En: Fischer, R. y T. Vollhaber (eds.) Collage. Works on International Deaf History. Hamburg: Signum, págs. 95‐106.

Günther, K.B. (1996) „The Role of the Manual Alphabet in Deaf Education in the 16th/17th Centuries”. En: Fischer, R. y T. Vollhaber (eds.) Collage. Works on International Deaf History. Hamburg: Signum, págs. 107‐116

Notas:

[1] En una versión anterior de este texto, me hice eco de las opiniones que acusan a Bonet de plagio. Decidí cambiar esa posición, atendiendo a las sugerencias de Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch, quienes me llamaron la atención sobre el tema y me facilitaron abundante información al respecto. Agradezco a ambos su desinteresada colaboración.
Publiqué una versión de este trabajo en wikipedia, el 04 de mayo de 2006, y editada luego el 11/11/06, bajo http://es.wikipedia.org/wiki/Lengua_de_signos (origen de nuestro alfabeto manual)

 

 

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