Thomas Braidwood, fundador de la educación de sordos en el Reino Unido (1715 –1806)

Alejandro OviedoPor Alejandro Oviedo,

Berlín, 2007.

Sección: Biografías.

 

 Ya avanzada la segunda mitad del Siglo XVIII, al mismo tiempo que el Abad Michel de l ́Epée fundaba su escuela en París y Samuel Heinicke abría la suya en Hamburgo, un maestro oyente inglés llamado Thomas Braidwood hacía lo propio en el Reino Unido.

Se trataba de una escuela privada con orientación oralista para niños sordos, iniciada en la década de 1760 en la ciudad de Edinburgo. El trabajo de esa institución le ganó a Braidwood fama creciente en su país, que lo recuerda hoy como el fundador de la educación para sordos allá. Vamos a revisar algunos datos acerca de Braidwood y su trabajo.

Los primeros años de vida de Braidwood

Hay muy poca información accesible acerca de la vida de Thomas Braidwood antes de que se dedicara a la educación de los sordos. Se sabe que nació en el año de 1715, en el poblado escocés de Hillhead Farm, y que sus padres fueron Thomas Braidwood y Anges Meek. También que hizo estudios de matemática en la Universidad de Edinburgo, y que luego de graduarse estuvo un tiempo empleado como maestro en una escuela de gramática en la población de Hamilton. Al poco de haber iniciado esto, decidió independizarse, para lo que abrió su propia academia de matemáticas en la ciudad de Edinburgo.

Allí, en 1760, recibió el encargo de educar a un niño sordo de nueve años, Charles Shirreff. El niño había perdido el oído a los tres años, y no hablaba. Braidwood logró que el muchacho aprendiera a hablar, tras al menos cinco años de trabajo con él. El éxito logrado lo convenció de dedicarse por entero a trabajar con niños sordos, con lo que transformó su escuela de matemáticas en una escuela para sordos.

En 1766 ya aparecían anuncios, en publicaciones periódicas de Inglaterra, acerca de la Braidwood ́s Academy for the Deaf and Dumb (Academia de Braidwood para sordos y mudos). La escuela permaneció allí hasta 1783, cuando Braidwood la mudó a Londres. En la capital conservó el mismo nombre.

La labor pedagógica de Thomas Braidwood

El trabajo de Braidwood alcanzó desde sus inicios una enorme difusión. Como ya he escrito en otros artículos de esta página web, el lograr educar a los sordos era considerado poco menos que milagroso por la opinión pública del Siglo XVIII. Un libro escrito en 1773 por Samuel Johnson, titulado The Journey to the Western Islands of Scotland (El viaje a las islas occidentales de Escocia) le dedicó varias líneas, que le dieron reconocimiento mundial a la escuela. En su reseña contaba Johnson que la escuela de Braidwood era una de las maravillas que podía encontrar el viajero en Escocia. Los niños sordos aprendían en ella a leer y a escribir, además de la aritmética y otras disciplinas. Pero lo más asombroso de todo era que hablaban, y podían leer los labios tan maravillosamente que se diría que habían sustituido el oído por el ojo.

En 1783, el año en que Braidwood mudó su escuela a Londres, apareció un libro dedicado por completo a ella. Tenía el largo título de Vox Oculis Subjecta –A Dissertation on the most Curious and Important Art of Imparting Speech and the Knowledge of Language to the Naturally Deaf (and Consequently) Dumb ; with a Particular Account of the Academy of Messrs Braidwood of Edinburg, y fue escrito por Francis Green. Green era estadounidense, y tenía un hijo sordo al que había enviado a la escuela de Braidwood. En su obra, Green alaba grandemente el trabajo de Braidwood, en el que resalta la delicada manera en que eran tratados los alumnos, y la actitud solidaria de Braidwood, que también atendía niños pobres, sin hacer ninguna distinción entre ellos y los niños de padres adinerados.

Braidwood trabajaba con muy pocos niños a la vez (las cifras reportadas variaban entre 8 y 20 alumnos), y de modo muy intensivo. Aceptaba el uso de “señas naturales” mientras los niños sabían suficiente inglés como para ser educados exclusivamente en esa lengua, y recurría al alfabeto bimanual que todavía hoy se usa en el Reino Unido. Sus procedimientos de trabajo, que estaban orientados al desarrollo del habla, se apoyaban sin embargo en el uso de recursos señados, lo que hace que los historiadores modernos hablen de sus métodos como “combinados”.

Los historiadores mencionan que la fuente probable de inspiración que tuvo Braidwood fueron los trabajos de otro inglés, Thomas Wallis (1616‐1703), quien escribió una obra acerca del entrenamiento de los órganos del habla en sordos, a través de un sistema basado en la escritura alfabética. Wallis, aparentemente, había conocido la obra publicada por Juan Pablo Bonet en 1620, con lo que históricamente es sospechoso de alguna clase de plagio. El alfabeto bimanual usado por Braidwood aparecía en la obra de Wallis. La página en que se ilustra el alfabeto es la tabla siguiente:

alfabeto-wallis

El trabajo de Braidwood era criticado por dos razones. La primera, porque era demasiado elitista: únicamente un puñado de niños sordos cuyos padres fueran lo bastante ricos como para pagar las matrículas eran aceptados (esto se decía a pesar de lo afirmado por Green en su libro). Por otra parte, que los resultados del habla en los niños eran bastante deficientes, a pesar de que el desarrollo del habla era la prioridad de la academia (esto, de nuevo, a pesar de lo reportado por los dos libros que se mencionaron antes).

Al primer problema se propusieron diversas opciones, entre las que estaban que Braidwood enseñara sus métodos a otros maestros, para que pudiera ampliarse la oferta, y que el gobierno financiara una escuela pública. A esto se negó Braidwood siempre, alegando que su método era un secreto que le garantizaba el pan a él y a su familia. Quienes laboraban en la escuela eran casi siempre parientes cercanos.

Esta medida se hizo más rigurosa a partir de 1792, cuando uno de sus empleados, Joseph Watson, quien conocía el modo de trabajar en la academia de Braidwood, desertó de ella y se convirtió en el director de la primera escuela pública para sordos, fundada en Londres ese año, el London Asylum for the Deaf and Dumb.

La escuela Braidwood después de Thomas Braidwood

Cuando Thomas murió, el año de 1806, en Londres, su hija Isabela Braidwood continuó administrando la escuela, bajo los mismos principios. La existencia de esa academia inglesa era conocida en Estados Unidos. Como hemos visto antes en el caso de Francis Green, algunas otras familias ricas habían enviado también sus hijos a Inglaterra, para que estudiaran con Braidwood. Pero era una opción demasiado cara, con lo que algunos padres de niños sordos en Estados Unidos empezaron a considerar otras posibilidades.

La primera de ellas fue traer a uno de los Braidwood a Estados Unidos, con el cual abrir una escuela pública para sordos. Un sobrino –y luego yerno‐ de Braidwood, llamado John Braidwood, viajó a Estados Unidos. Manson Cogswell, un hombre muy rico que tenía una niña sorda, llamada Alice, trató de ganar a John Braidwood para ese proyecto. Pero las exigencias económicas de Braidwood hicieron desistir a Cogswell. Braidwood terminó abriendo su propia escuela en el Estado de Virginia, en 1812. El proyecto no tuvo éxito, y terminó cerrándose cuatro años después.

En 1815, un grupo de filántropos estadounidenses liderados por Cogswell decidió enviar a Londres a un joven pastor, Thomas Hopkins Gallaudet, para que aprendiera los métodos de trabajo los Braidwood, a fin de abrir su propia escuela para sordos en Estados Unidos. Gallaudet viajó a Londres, pero se encontró con que la familia Braidwood no estaba dispuesta a revelar sus secretos de trabajo sin una gran suma de dinero. Además, a Gallaudet le pareció que los resultados logrados por la escuela en el habla de sus alumnos no resultaban satisfactorios.

Casualmente, en esos días se encontraba en Londres una comisión de la escuela de Sordos de París, conformada por los maestros Sordos Jean Massieu y Laurent Clerc, además del director de la escuela, el Abad Roch‐Ambroise Sicard. Gallaudet asistió a una presentación pública organizada por los franceses, y quedó tan impresionado que decidió viajar a París y conocer su escuela de Sordos. Los Sordos educados en París no hablaban, pero eran muy ilustrados, y se desenvolvían con mucha naturalidad entre oyentes, siempre que se les permitiera usar la escritura o la lengua de señas.

De modo que Gallaudet viajó a París, en 1816, y pasó varios meses allá. Aprendió la Lengua de Señas Francesa y terminó convenciendo a Laurent Clerc de irse con él a Estados Unidos, donde ambos fundaron una escuela de Sordos. Pero esa es otra historia, que ya ha sido contada en otras partes de esta publicación electrónica (revisa las vidas de Gallaudet y Clerc, en los HITOS SORDOS).

El secreto de Braidwood

A diferencia de los maestros que trabajaban con la lengua de señas, que no tenían empacho en proclamar sus métodos (recuérdense las exposiciones públicas que realizaban cada semana los de la escuela fundada por Michel de l ́Epée, y sus constantes invitaciones a extranjeros para que visitaran la escuela), los primeros maestros oralistas siempre declararon tener un secreto, y lo guardaron celosamente.

No era en vano. La educación de niños sordos era un oficio bien remunerado, y quien tuviera una manera de hacerlo estaba en posesión de una segura hacienda. Así Jacob Rodrigues Pereira, y Samuel Heinicke, y también Braidwood, tejieron en torno a sus personas y su trabajo una atmósfera de misterio. No permitían a ningún extraño observar sus labores, no escribieron trabajos explicándolas, y a su muerte legaron a sus familias, como herencia, documentos encerrados en cajas fuertes, donde explicaban sus secretos, que eran valorados como objetos preciosos.

Harlan Lane (1984) es de la idea de que esos secretos eran tan bien guardados fundamentalmente porque no existían. El secreto de esos oralistas iniciales no consistía en una serie de métodos que pudieran aprenderse o enseñarse, sino en el trabajo continuo y dedicado por años a un mismo grupo de niños. Esa devoción terminaba por rendir frutos. Los maestros y los niños desarrollaban en últimas un sistema de comunicación común (muchas veces con bases visuales: el uso de señas y de la escritura), que les permitía realizar el trabajo pedagógico. Por otra parte, los alumnos eran rigurosamente seleccionados, lo que permite creer la especie de que estos maestros tenían el cuidado de recibir como alumnos solamente a niños con suficientes restos auditivos, a partir de los cuales pudiera desarrollarse el habla.

Braidwood trabajaba siempre con un grupo muy pequeño de niños. Todo lo anterior es aplicable asimismo a él. Es probable que uno de los secretos de su trabajo fuera escoger muy bien a los niños, de modo que siempre pudiera contar con algunos restos auditivos aprovechables. Sus críticos señalan también que, al igual que ocurría con otros sordos oralizados de aquel tiempo, los que los conocían exageraban las cualidades del habla que esos sordos habían desarrollado. Si se era lo bastante crítico, había que reconocer que la forma en que hablaban era, además de muy desagradable, relativamente ininteligible. Pero ante la novedad que representaban, cabía que la admiración cegara toda crítica.

Fuentes:

Lysons, K. (1987) “Braidwood, Thomas”. En: Van Cleve, John V. (ed.) Gallaudet Encyclopedia of Deaf People and Deafness. Nueva York: McGraw Hill.

Lane, H. (1984) When the Mind hears. Nueva York: Pelikan
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Samuel Heinicke. Enciclopedia digital Wikipedia : en alemán, http://de.wikipedia.org/wiki/Samuel_Heinicke visitada el 07 de octubre de 2006.

Tomas Braidwood. Enciclopedia digital Wikipedia : en inglés: http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_braidwood, visitada el 08/10/06.

Geschichte Gehörloser (Historia de los sordos). Enciclopedia digital Wikipedia: en alemán: http://de.wikipedia.org/wiki/Geschichte_der_Geh%C3%B6rlosen_Teil_II#England_u nd_Neuengland, visitada el 08/10/06.

Learning amid the silence (página web en inglés sobre la historia de la educación de Sordos en los Estados Unidos, vista el 08/10/06) http://www.connerprairie.org/HistoryOnline/silence.html

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