La clase social, un condicionante a la hora de la educación de las personas sordas. El caso del príncipe italiano Emmanuel Filiberto de Saboya y sus misteriosos maestros.

ANtonio-GasconPor Antonio Gascón Ricao.

Barcelona, 2015.

Sección: Artículos, historia


Hace ya más de treinta años, cuando decidí investigar los inicios de la educación de las personas sordas en España, uno de los hechos que más me sorprendió fue que los primeros sordos que recibieron algún tipo de educación, en todos los casos, pertenecían al grupo social de los nobles.[1]

Sirvan como ejemplo de lo anterior los conocidos casos de los dos Velasco, Pedro y y Luis, el primero de la época de Pedro Ponce de León y el segundo de la época de Juan de Pablo Bonet, ambos familiares de la Casa del Condestable de Castilla, el del marqués de Priego, o el del Príncipe italiano Emmanuel Filiberto de Saboya.

Y en todos ellos, el común denominador es la confusión. Confusión ya que en ningún caso se aclaran cuestiones tan elementales como son el método utilizado por el maestro, o su repercusión en la preparación del alumno, dado que las informaciones sobre aquellas cuestiones o provienen de terceras personas, o cuando son directas, como era el caso de Ponce de León, hoy en día se nos hacen increíbles a la vista de lo que acaece en la actualidad. Y más aún al saberse que el personaje no era precisamente un hombre ilustrado, al decir de sus propios contemporáneos, motivo por el cual se hace muy difícil creer que su único alumno conocido alcanzara lo que Ponce afirmaba, gracias a la ayuda de un sumiso notario, que se limitó a repetir sus palabras.

Así los casos de Ponce de León, o sobre Ramírez de Carrión, supuesto maestro en su caso de Luis de Velasco, ya los hemos tratado suficientemente en diversos trabajos, [2] y por ello hoy le toca el turno a los supuestos “maestros del príncipe italiano Emmanuel Filiberto de Saboya,[3] a la vista de un documento recién aparecido en la Real Academia de la Historia de Madrid, aunque dentro de la llamada Colección Salazar de Castro.

De hecho la Colección Salazar de Castro, merece un poco de historia al ser una gran desconocida para el gran público, ya que el contenido de sus fondos empezó a ver la luz en una obra que abarcó 49 volúmenes y diez años de imprenta, al editarse en Madrid desde 1949 y hasta 1979, y todo ello gracias al interés de la Real Academia de la Historia.[4]

Un fondo que abarcaba documentos manuscritos, originales y copias e impresos, referidos a temas de Heráldica y Genealogía, desde testamentos, pasando por fundaciones de mayorazgos o capitulaciones matrimoniales, por órdenes militares, por papeles de gobierno, de las relaciones internacionales de los reinos de Castilla y Aragón, fueros y privilegios del Reino de Valencia, por crónicas e historia de nuestros reyes, etc., compuesto por 78.584 documentos que abarcan desde la Edad Media hasta 1734.

Todo ello fruto del celo y de la dedicación de Luis Salazar y Castro (1658-1734), un intelectual de la época de Felipe V, que los coleccionó para utilizarlos en dos de sus obras básicas Historia genealógica de la Casa de Silva, Madrid, 1685, e Historia genealógica de la Casa de Lara, Madrid, 1696, o a raíz de ser nombrado informante de los expedientes de ingreso de los caballeros de la Orden de Calatrava. En 1697, el rey Carlos I lo nombró Cronista de Indias, un cargo que ejercerá hasta su muerte. Papeles que a su fallecimiento fueron a parar a la Biblioteca de Cortes y de allí, en 1850, a la Real Academia de la Historia, donde actualmente su catalogo es accesible vía telemática.[5]

De ahí que haya aparecido en dicho fondo el documento que hoy presentamos, que lleva el nº 16233 y que corresponde a una carta fechada en Turín el 4 de octubre de 1660, y en el cual habíamos depositado grandes esperanzas, al pensar que con él por fin quedaría resuelto el misterio de su primer maestro, dada la confusión que reina, ya que en función de la fuente se afirma unos nombres u otros.

Una carta que remitió el príncipe sordo Emmanuel Filiberto Amadeo de Saboya Carignán en 1660 a D. Luis Méndez de Haro,[6] personaje que en su caso era sobrino del poderoso valido Conde-Duque de Olivares, al cual había sucedido en 1643, tanto en título como en cargo.

Carta en la que Emmanuel Filiberto le rogaba a Méndez de Haro que entregue la carta que le adjunta al rey Felipe IV, y en la cual agradecía al rey las atenciones que le había prodigado cuando siendo niño estuvo residiendo en Madrid, y sobre todo el que entonces le hubiera proporcionado el maestro que con el arte le permitió superar el defecto que tenía en la lengua…:

 “….ricordandore che io forsi proveduto di maestro per superar con l’arte il diffetto della lingua col quale piacque a Dio, che mi producesse la Natura; Mediante li che posso dire, como dico, e diró sempre d’essere por beneficenza Reale di S.M. quasi di nuovo vinato al mondo…

Pero lo más curioso de aquel documento es el comentario puntual que por su cuenta hizo el catalogador anónimo del mismo, al afirmar sin empacho alguno que: “Manuel Filiberto nació sordomudo y es al primero que se enseñó a hablar por Juan Pablo Bonet, a quien alude esta carta.”

Afirmación harto discutible, ya que en aquella carta no se alude para nada a Juan Pablo Bonet, por la sencilla razón de que cuando el príncipe llegó a Madrid, en 1636, Juan de Pablo Bonet hacía ya más de tres años que había fallecido.

Motivo por el cual es evidente que éste no pudo enseñar a hablar a Emmanuel Filiberto, salvo que con aquel comentario el catalogador se esté refiriendo a que por “mediación” del método de Juan Pablo Bonet se le había enseñado a hablar al muchacho, un hecho posible, dado que la obra del aragonés, que era muy popular, se había imprimido, 16 años antes, en 1620.

Por otra parte, aquel comentario de Manuel Filiberto, sigue dejando en la sombra al que fue su maestro en Madrid, dado que su alumno no da su nombre y apellidos en aquella misiva, un hecho intrigante pues si alguien logró algún adelanto en su educación no fue precisamente el rey sino aquel maestro desconocido, al que se podrá suponer que Manuel Filiberto debía mucho.

Carta o papel que pone en entredicho las afirmaciones vertidas por Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon en sus Memorias, según las cuales, “un francés conocido como van Vangelas fue el primer maestro que Emanuel tuvo. Pero no fue exitoso en su trabajo de enseñar a hablar al príncipe. Un segundo maestro, el italiano Vincenzio Barini, tuvo más éxito en la empresa de educar al muchacho….”.[7]

De hacer un poco de historia, en aquella carta que se ha recobrado lo que se relata en ella, de forma muy simple, son los principios de la estancia de Emmanuel Filiberto en España.

Estancia que se inició con la llegada al puerto de Barcelona de su madre María de Borbón acompañadas de sus hijos, entre ellos Emmanuel, acontecimiento que tuvo lugar el 26 de julio de 1636, si bien aquella familia no llegaría a la corte de Madrid hasta mediados de noviembre de aquel mismo año.

De hacer ahora números el príncipe sordo cuando llegó a España tenía 8 años recién cumplidos, de ahí que muy pocos maestros podría haber tenido anteriormente, hecho que Saint-Simon no debió tener en cuenta, por otra parte una edad ideal para poder iniciar su educación según los comentarios de Juan de Pablo Bonet en su obra.[8]

Un detalle a tener en cuenta es que la llegada de aquella familia a la corte sirvió de excusa para las famosas fiestas madrileñas de 1637, festejos que cobraron una considerable importancia por razones propias, sobre todo de índole histórica. De hecho tradicionalmente se ha considerado que el motivo que propició dichas fiestas fue la llegada a España de la princesa de Carignan [9] y el nombramiento de Fernando III como futuro rey de Hungría.

Por su parte, los honores dispensados en Madrid a la princesa de Carignan no fueron en absoluto desinteresados, ya que desde abril de 1634 su marido Tomás de Saboya se había puesto al servicio del rey en Flandes. Su adhesión a la causa española significó mucho para la corona hispana, ya que los ejércitos españoles se encontraban un tanto desamparados después de la muerte del marqués de Aytona en 1635, y el Cardenal Infante empezaba a encontrarse peligrosamente aislado. [10]

Qué interés podía tener la casa real, y en especial el Conde-duque de Olivares, por aquella mujer de ascendencia francesa o por sus hijos?. La razón era obvia: su marido, el príncipe Tomás de Saboya. Interés que pasaba por la experiencia y competencia profesional del príncipe de Saboya, lo que suponía cierto respiro en aquellos conflictos. No obstante, el altruismo no guió los intereses de este capitán militar, que, a cambio de su fidelidad, consiguió dejar bien situados a sus hijos, en especial al sordo.

Sea cual fuere el verdadero motivo —y quizás no haya uno sólo, sino que el resultado sea la suma de todos ellos-, lo cierto es que en febrero de 1637 se celebraron en Madrid las fiestas más espléndidas del reinado de Felipe IV.

El lugar de encuentro fue el Prado Alto de San Jerónimo, cerca del Buen Retiro, en un terreno especialmente habilitado para las justas y los torneos que se habían programado.[11] Las fiestas empezaron el domingo 15 de febrero y duraron diez días, hasta el martes 24 de febrero. En ellas hubo mascarada nocturna, mojigangas, entremeses, comedias, bailes, meriendas, pantomimas, toros, sortijas, estafermos, conciertos y un certamen poético en el que se puso a prueba el ingenio de los poetas de la corte. [12]

Con indiferencia de aquellas fiestas, otro de los agasajos que tuvieron lugar fue la preocupación del rey por el príncipe italiano sordo, que dará lugar a que el rey pidiera al marqués de Priego que diera licencia temporal a su maestro y secretario Manuel Ramírez de Carrión para que aquel pudiera trabajar en la Corte de Madrid con Emmanuel Filiberto de Saboya, historia que relata el cronista aragonés Pellicer de Abarca en una Prefación que quedó inédita. [13]

Educación que debió tener lugar entre los finales de 1636 y 1643, lo que reportó a Ramírez de Carrión, de creer el testimonio del cronista aragonés Pellicer de Abarca, que Rey lo nombrara, como recompensa a su labor con el joven príncipe italiano, “Secretario de Su Majestad”.

Es más, tal como afirma Pellicer de Abarca, la Princesa de Cariñán, madre del muchacho sordo, llegada a España en 1636, continuará en nuestro país con todos sus hijos a excepción del pequeño, muerto a causa de unas calenturas en el Convento de la Encarnación de las Descalzas Reales de Madrid en julio de 1637, y enterrado seguidamente en el Panteón del Monasterio de El Escorial, hasta más allá de 1643, al estar retenida aquí en calidad de rehén con motivo de la traición a la Corona española protagonizada por su marido Tomás de Saboya en octubre de 1640.[14]

En conclusión, Emmanuel Filiberto no debió regresar a su patria hasta más allá de 1643, es decir cuando ya tenía 15 años, una edad poco propicia para realizar grandes maravillas con él, aunque todo el mundo está de acuerdo que por entonces ya sabía leer y escribir, que no era precisamente poco, hecho que da en poder decir que los maestros que cita Sant Simon a la fuerza tienen que ser posteriores a la labor de Ramírez de Carrión, luego no eran los primeros, tal como Sant Simon afirmaba.

Cuestión que se descubre al advertir que Lorenzo Hervás y Panduro no conocía la existencia del maestro francés citado por Sant Simon, llamado “van Vangelas” como la de un italiano llamado “Vincenzio Barini”, pues no los cita en su obra Escuela española…, [15] donde justamente pasa lista a todos y cada uno de los maestros de sordos conocidos, maestros a los que cabe añadir, según la fuente, Alessandro Tesauro,[16] un caso idéntico a los anteriores, es decir otro desconocido para Hervás. En resumen: Hervás no cita a ninguno de ellos en el caso de Emmanuel Filiberto, pero sí a Manuel Ramírez de Carrión.

De ahí que resulta muy sorprendente que se afirme, que aquel príncipe aprendió “ciencias”, bajo la dirección de un desconocido Alessandro Tesauro, o que Barini le enseñó ”diversas materias” mediante la lengua de señas.

Pero como acostumbra a suceder en estas historias, el tiempo al final permite recomponer las piezas que dan en poder desvelar los misterios. Así el tal van Vangelas, no se llamaba así, ya que en realidad se trataba del gramático y hombre de letras saboyano Claude Favre de Vaugelas, [17]  personaje que al final de su vida se convirtió en tutor de los hijos de  Tomás de Saboya,  príncipe de  Carignano, el padre de Emmanuel.

Y de ahí saldrá posiblemente la leyenda de que aquel personaje había sido el supuesto maestro del niño sordo. Un “niño” que tenía 22 años, en las fechas que tuvo lugar la muerte de Vaugelas.

Del mismo modo que las pocas referencias que existen sobre el supuesto maestro Barini, apuntan a que en realidad no era un “maestro” sino un “intérprete”: “Cet interprète était Italien et s’appelaitVincenzio Barini”.[18] Comentario que apareció en lo que debe ser un fragmento de un folletón de la época, cuyo autor es Armand Bareton, obra que lleva por título: Avant l´abbe de l´Epée.

Dentro de aquella misma historia, aparecida en 1849, se insinúa que Vaugelas había fracasado hasta tal punto que Emmanuel Filiberto era muy tartamudo, e incluso que había perdido su conocimiento de la pronunciación del francés, para gran desespero del maestro.

Comentario que de ser cierto da para mucho, pues eso mismo se decía de Pedro de Velasco, el sordo poslocutivo discípulo de Ponce de León, “que  hablaba, pero como los hombres muy tartamudos”, prueba de que Ponce no le supo enseñar las respiraciones necesarias para alcanzar una buena pronunciación, detalle que se podría hacer extensivo al maestro Ramírez de Carrión, o a Vaugelas que debió ser incapaz de solucionar aquel problema.

Otra de las cuestiones que se insinúa en aquel escrito es que a Emmanuel Filiberto se le habla mediante la mímica, que era interpretada de viva voz por el italiano Barini, dando lugar a malos entendidos, al hacer su intérprete de intermediario en determinados lances amorosos con Madame de Mailly, una de las amantes del Luis XV , al menos así se afirma en aquel escrito, mientras que St. Simon afirmaba que Barini usaba una lengua de señas para enseñar a Emmanuel, y que el príncipe aprendió aquella lengua, y otras materias.

La pregunta que deberíamos hacernos ahora es qué lengua le enseñó el maestro español Ramiréz de Carrión durante su estancia en España, que a buen seguro debió ser el castellano, de ahí el desespero de Vaugelas con el francés, o las historias de mímica de Barini, de ahí también se entenderían los jocosos comentarios de aquella obrita, porque no hay constancia alguna de que en la época de Emmanuel Filiberto existiera una lengua de señas normalizada, ya que el abate l´Epée, no nacería hasta 1712.

Por el contrario St. Simon afirmaba que el muchacho aprendió a leer los labios y escribir sobre cualquier tema, o podía también hablar un poco, aunque con grandes esfuerzos, lo mismo que se afirmaba en aquella obra. O que leía y escribía en varias lenguas, o que se hizo con vastos conocimientos sobre la ciencia y la historia de su tiempo, y es que en el plano de los conocimientos de Emmanuel Filiberto entramos en el plano de la fe; nos lo creemos o no. De hecho la única prueba de aquellos asertos es una firma medio recortada en la carta de 1660, porque el escrito en sí debió ser obra de un secretario, firma para la que sin duda no se requería más que una cierta habilidad manual, algo normal en una persona sorda.

Notas

[1] Ferrerons, R., y Gascón, A., Juan Pablo Bonet y los mudos del Siglo de Oro, Historia y Vida, núm. 211, Barcelona, octubre de 1985.

[2] Gascón, A., y José Gabriel Storch, J. G., Fray Pedro Ponce de León y los antiguos mitos sobre la educación de los sordos, Madrid, 2006. Gascón Ricao, A. y Storch de Gracia y Asensio, J.G. (2009): “Manuel Ramírez de Carrión, maestro de sordos en el siglo XVII: Nuevos apuntes biográficos”, publicado en http://cultura-sorda.eu/resources/Gascon_Storch _Ramirez_de_Carrion_2009.pdf, Gascón Ricao, A. y Storch de Gracia y Asensio, J. G. (2007): “Historia de tres fabulosos plagios”, publicado en http://www.ucm.es/info/civil/herpan/docs/Carrion2.pdf., Gascón Ricao, A. y Storch de Gracia y Asensio, J. G. (2005): “El testamento de Manuel Ramírez de Carrión, preceptor de sordos en el siglo XVII”, publicado en http://www.ucm.es/info/civil/herpan/docs/Carrion.pdf .

[3] Alejandro Oviedo, Un príncipe Sordo. La historia de Emanuel Filiberto de Carignan (1630-1709): http://www.cultura-sorda.eu/resources/El_principe_Sordo_italiano.pdf

[4] Cuartero Huerta, B., Vargas Zúñiga, A. Marqués de Siete iglesias; índice de la Colección de don Luis de Salazar y Castro, Madrid, 1949-1979, 49 vols.

[5] Vargas Zúñiga, A. Marqués de Siete iglesias, “La Colección de D. Luis Salazar y Castro”, en: Hidalguía, julio-agosto 1969, nº 95, pp. 557-562

[6] Luis Méndez de Haro y Guzmán, VI  Marqués de Carpio, I Duque de Montoro y II Conde-Duque de Olivares (Valladolid, 1598 – Madrid, 26 de noviembre de 1661),  general y figura política española, era hijo de Diego López de Haro, marqués de Carpio, y de Francisca de Guzmán, hermana del Conde-Duque de olivares. Hizo carrera en la corte española bajo la protección de su tío, al cual sucedió como valido de la confianza del rey Felipe IV cuando Olivares fue expulsado en 1643, siendo desde 1648 su Caballerizo mayor.

[7] Alejandro Oviedo, “Un príncipe Sordo. La historia de Emanuel Filiberto de Carignan (1630‐1709)”, ver www.cultura-sorda.eu/resources/El_principe_Sordo_italiano.pdf

[8] Juan Pablo Bonet, Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar a los mudos, Madrid, 1620.

[9] Sobre la llegada de la princesa de Carignan y los honores que se le tributaron véanse Mendes Silva, Rodrigo, Diálogo compendioso de la antigüedad y cosas memorables de la noble y coronada villa de Madrid y recibimiento que en ella hizo su Majestad Católica con la grandeza de su corte a la Princesa de Carinan, clarísima consorte del serenísimo Príncipe, con sus genealogías, Madrid, Viuda de Alonso Martín, 1637.

[10] Elliot, John H., El Conde-duque de Olivares. El político en una época de decadencia, Barcelona, 1991, p. 495.

[11] Eliott, op. cit. (nota 5), p. 511.

[12] M. Teresa Julio, “Francisco de Rojas Zorrilla: Un dramaturgo metido a poeta. Las fiestas de 1637”

[13] Joseph Pellicer de Abarca, Obras varias, Biblioteca Nacional de Madrid (BNE), Ms.2236, f. 39; ídem, Prefación a don Manuel Ramírez de Carrión, Secretario de su Majestad, Maestro del Serenísimo Emanuel Filiberto Amadeo II, de la Mayor Ciencia que es hablar, leer y escribir, Real Academia de la Historia (RAH), Col. Salazar, Ms. N‐12, f. 206.

[14] Antonio Gascón Ricao y José Gabriel Storch de Gracia y Asensio, “Manuel Ramírez de Carrión, maestro de sordos en el SigloXVII: Nuevos apuntes biográficos”, www.cultura-sorda.eu/…/Gascon_Storch_Ramirez-de-Carrion_2009.pdf.

[15] Lorenzo Hervás y Panduro, Escuela española de sordomudos, Madrid, 1795.

[16] En la voz Manuel Filiberto de Saboya-Carignano, es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Filiberto_de_Saboya-Carignano

[17] Claude Favre de Vaugelas, 6 de enero 1585 – París febrero 1650, fr.wikipedia.org/wiki/Claude_Favre_de_Vaugela

[18] Armand Bareton, “Avant l´abbe de l´Epée”, Illustration: journal universal, Vol. 14, 3-11-1849, pp. 150-151.

 

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